Acosado por el gremio y la falta de cobro, Carlos Barragán anunció que se va de Radio Del Plata

El comunicador dijo que encontró en un pasillo una foto de su cara pinchada con alfileres. "Todos en Cuero se viene terminando (...) nuestro programa no va a existir más", afirmó.

El comunicador dijo que encontró en un pasillo una foto de su cara pinchada con alfileres. “Todos en Cuero se viene terminando (…) nuestro programa no va a existir más”, afirmó.

Por Carlos Barragán

Estamos en una radio opositora, pienso. Quizá la más claramente opositora a un gobierno que se pone cada vez más tramposo, más conservador y más violento. Y sospecho cosas cuando me doy cuenta de que esta radio tiene la fama que tiene. Famosa por ser la radio donde peor se trata al laburante. Famosa por ser la peor radio del país. Quizá la peor empresa del país. Sospecho y permítanme que sospeche de ese ranking tan conveniente a la propaganda e intereses de este gobierno.

Escucho que digo lo que digo porque me pagan, porque me pagan bien además. Ojalá. Pero la realidad es que ninguno de quienes hacemos este programa hemos cobrado. Nunca. Desde noviembre cuando empezó hasta hoy febrero. Aunque nos vaya bien y las mediciones digan que estamos segundos: nadie cobró un centavo. Cero. Nada de nada.

Puteo a veces. Puteo a Lalo Mir, a la Negra Vernaci, a Castelo, a Gilespi, a Halperín y a todos lo que me hicieron querer a la radio. Y ahora también a Gaby, a Gerardo, al Negro Salasa, a Chirinos. Compañeros queridos que ya no podrán estar porque no hay dinero para pagarles y son trabajadores. Hasta yo debo ser una especie de trabajador. Y Todos en Cuero se viene terminando.
Nos van a faltar sus voces, pero yo no quiero dejar. Porque sé que antes de mis ganas de hacer radio tengo una responsabilidad mayor. Una responsabilidad que no puedo definir muy bien, pero que me dice que tengo que estar en la radio. De alguna forma. Aunque no sé si de cualquier forma. Ya veré en qué horario. Con quién. Cobrando cómo. Haciendo qué. Haciendo radio. Pero nuestro programa no va a existir más. Supongo que será otra cosa. Como todo es otra cosa en estos tiempos. Hay que aprender eso. Aprender a vivir en peores condiciones cada día que pasa.
Quiero lo que hago. Tengo esa suerte infinita de querer lo que hago y de hacer lo que quiero. A veces me va bien y a veces no. Y nunca me fue como ahora. Y sé que somos muchos a los que nunca nos fue como ahora.

Me ví la semana pasada en el pasillo de la radio, mi foto donde un sindicato me repudia por algo que dije. Estaba mi cara pinchada con un alfiler varias veces. Arranqué la foto budú y aproveché el papel, y la bronca me secó las manos porque en el baño no había. Mientras tanto sonaba en el aire la voz de un profesional del acomodo que mentía como todos los días. Esta vez mentía su apoyo a la causa de unos laburantes que nunca le importaron ni le van a importar.

Que la memoria me ayude. Russo, Barone, Galende, Mocca, Veiras, Moyano, García, Brienza y los que me olvido apoyaron a los trabajadores todos los días durante todos estos años. Apoyaron al gobierno que más hizo por los derechos de los trabajadores, y que logró que hubiera más trabajadores con más y mejores derechos. Por esas convicciones es que sus voces no están en los medios de comunicación. Ellos están afuera y sin trabajo. Y están perseguidos, acusados de delincuentes, mercenarios, mentirosos, y de lacras sociales. Hay gente que los putea cuando los ve. Saben sus nombres. Conocen sus caras. Son mis compañeros.

Los miserables que hoy manejan Radio Nacional mienten pluralismo y otras mentiras. Fundada sobre la persecución política y la proscripción más brutal esa radio es un órgano de apoyo a un gobierno antipopular, saqueador y violador. Y la radio banca. Un gobierno que persigue a los que piensan distinto y los trata como a delincuentes. Peor que a delincuentes porque les niega sus derechos. Y la radio banca. Un gobierno que le roba al pueblo cientos y miles de millones para dárselos a la clases poderosas. Y la radio banca. Pero esa radio no es famosa por tener esas características. No tiene esa mala fama ni otras que tienen que ver menos con la política y más con los manguitos que se escurren.

Les pido disculpas si por estos días no puedo darles el programa de siempre. Disculpas porque hay cosas que no se pueden hacer sin dinero, aunque suene feo y materialista. Pero la gente debe hacer otras cosas para ganarlo cuando no lo gana en la radio. Y entonces no está. Pido disculpas porque mi humor es el que puedo tener y no el que me gustaría tener. Disculpas porque prometí lo que no pude cumplir.

Anoche hablamos con Luis D´Elía. Sonaba cansado, apesadumbrado, muy cansado. La hora no ayudaba, es verdad. Hace unos días lo amenazaron a él y a los suyos de una manera brutal. No lo dijo pero seguramente estaba angustiado como lo estaría cualquiera de nosotros. Es inteligente asustarse cuando el poder real, los servicios de inteligencia, los gobiernos autoritarios, los medios y la mafias más poderosas te amenazan. Pero yo no le permití ninguna debilidad. En lugar de decirle que comprendía su situación y que estaba con él apoyándolo para lo que hiciera falta, le pedí que nos diera la fórmula para no aflojar nunca. Fui muy injusto. No le mandé un abrazo, le pedí que nos abrazara a todos. A veces somos injustos con la gente que tomamos como referentes. No queremos verlos con nuestras fragilidades humanas. Esas que todos tenemos.