Bicentenario de la Independencia: festejo con artistas y las colectividades

Este viernes en Plaza del Vaticano, frente al Colón, se celebró “La Noche de los 200 años” con cientos de artistas y vecinos en escena. “Dimos un lugar importante a las colectividades en este bicentenario”, dijo a Pura Ciudad el Jefe de Gobierno.

El Teatro Colón volvió a estar en los festejos por los 200 años patrios. Ocurrió en 2010, con motivo de evocar la Revolución de Mayo, donde también se festejó su remodelación. En la vigilia del 9 de Julio, en la Plaza del Vaticano que linda con el coliseo porteño se montó un escenario gigante, en cuyos muros se proyectaban visuales, donde actuaron, cantaron y bailaron cientos de artistas hasta pasada la medianoche, cuando se entonó el himno nacional para celebrar la Independencia. Les Luthiers cerró la jornada con un espectáculo de humor ante miles de porteños que lo siguieron desde las gradas dispuestas a lo largo de la plaza y pantallas gigantes instaladas en las esquinas. “La Noche de los 200 años” fue dirigido por Eugenio Zanetti.

Al caer la tarde, muchos de los que participaron en el evento Buenos Aires Celebra el Bicentenario se dirigieron hasta el Teatro Colón. A la tarde, sobre Avenida de Mayo, disfrutaron de una gran feria de colectividades, música en vivo, un pericón homenaje con 200 bailarines y hasta una recreación de las luchas de la Reconquista tras las invasiones inglesas. En los asientos y las gradas de Plaza del Vaticano los organizadores habían dejado ponchos azules y blancos para capear la noche fría y además darle colorido albiceleste a la jornada.

Por la noche, Maximiliano Guerra bailó Adiós Nonino, Raúl Lavié y Sandra Mianovich cantaron Luna Tucumana y Les Luthiers ofrecieron sus clásicos, entre otros momentos altos de la noche.

David Lebón y la Orquesta Polo Bandoneón abrieron el festejo

Con puntualidad a pesar de la cantidad de números programados, el festejo por el bicentenario empezó con la presencia de David Lebón en el escenario. Se oyeron clásicos como “Mundo agradable”. “Los amo”, dijo entre tema y tema, cuando los reflectores mostraban lo concurrida de la plaza. Cerró su paso junto a la Orquesta Polo Bandoneón, proyecto del gobierno donde se enseñan talleres de música en el sur porteño (Puente Alsina). “Este momento es especial, es un servicio hermoso porque es dar amor, pasemos un rato de paz; de lo otro tenemos hasta acá”, dijo para entonar “Seminare” junto a los músicos del Polo. “Gracias pueblo, espero nos veamos pronto”, se despidió.
Al terminar el paso de Lebón, por un lateral apareció la comitiva porteña, con el Jefe de Gobierno y esposa en el centro. Diego santilli, vice, y demás ministros y legisladores marcharon hasta la grada que corría a lo largo de Lavalle. Roy Cortina, Francisco Cabrera, Paulla Villaba, Fernando Yuan, José Luis Acevedo fueron algunos de los representantes legislativos. Eduardo Macchiavelli, Ministro de Espacio Público; Karina Spalla, presidenta de la Corporación Buenos Aires Sur; Martín Ocampo, Ministro de Justicia, fueron otras de las caras conocidas que mecharon presencia entre los ponchos albicelestes vecinales.

Derivar la Tierra: gauchos, batallas y música sinfónica

En las esquinas de 9 de Julio y Lavalle y al otro extremo, sobre Libertad, la concurrencia ya era notoria. Desde la grada alta montada frente al escenario se podía ver que se contaban de a cientos los vecinos presentes. A pesar del frío y la visión reducida, muchos se quedaron toda la noche para seguir los espectáculos del bicentenario.

Desde ambos laterales del escenario, en cuyos muros-lienzos se proyectaban visuales alusivas, aparecieron actores con ropas de época. Tres de pelucas blancas con trompeta y dos soldados patricios con bayoneta. Los primeros, tras un campaneo intenso, subieron a escena. El público los aplaudió y, al descorrerse algunos lienzos, el escenario quedó partido en tres: el centro donde iban a interactuar los cantantes y bailarines, el ala de la 9 de Julio donde apareció la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Enrique Arturo Diemecke y el ala de Libertad donde estaba la Orquesta Estable del Teatro Colón.

Entró en escena César Isella, quien abrió el segmento “Derivar la Tierra”. La Filarmónica tocó las secciones “El origen de la tierra”, “Gauchos, la tierra: El Ande”, “Tierra mineral – La artillera” y “La Batalla”, mientras la del Colón se encargó de piezas clásicas como “La Traviata”.

Tras la presentación, sobre los lienzos del escenario se proyectaron tomas aéreas de Buenos Aires. En lo alto había una esfera gigante donde se vía la escarapela de líneas azules presentada por Casa Rosada para el Bicentenario.

Pasaban sobre el lienzo imágenes de constelaciones y símbolos zodiacales, en el centro del escenario se posaron los integrantes del coro. Mientras sonaba “Claro de luna” de Debussy, en medio de la tonada, se posaron sobre los coristas cuatro hombres pájaro, quienes gracias a unos arneses iban y venían sobre las cabezas de los artistas. Después entró a escena una larga cola de estudiantes primarios con guardapolvo. Con su llegada se entonó la Canción a la bandera, de la ópera Aurora. Los chicos y chicas extendieron una bandera argentina, que ocupaba todo el ancho y alto del escenario. Se la entregaron a los hombres pájaro, quienes la elevaron hacia el techo de escenario, segundos antes que se entone la introducción “Alta en el cielo un águila guerrera, / audaz se eleva en vuelo triunfal”. El pabellón nacional se exhibió y transparentó la silueta de los coristas. Delante de la bandera quedó uno de los estudiantes, en quien se posaron los juegos de luces. La escena emotiva mechó en el mismo escenario al coro y los estudiantes de guardapolvo blanco.

Luego se oyó el preludio de “La traviata” de Verdi con el escenario pintado como las olas del mar con el reflejo del sol al atardecer. A un costado, se acomodaban varias niñas con vestidos de china criolla. Lucían Polleras blancas que las nenas ondeaban como una capa por lo largo de los volados y cintas celestes y rojas. Los integrantes de Opus Cuatro se dispusieron al frente y entonaron la “Canción del jangadero” de Jaime Dávalos, a cargo de Cesar Isella: “Como otro palo más de la jangada / a la deriva pasa el jangadero / porque no sabe que el aserradero / se devora su sombra arrodillada / con el impulso de la correntada / río abajo se va dejando el cuero / en el bermejo viborón naviero del agua / por la luna alucinada / arriero de la sombra de la vida”. “Viva el 9 de Julio”, clamaron los músicos tras el aplauso del público.

A instante, el lienzo se tiñó de azul con textura de pastos altos. En escena entraron aborígenes de lanza y taparrabos, quienes se las vieron cara a cara con una rojinegra comitiva de conquistadores peninsulares. Los artistas ejecutaron un número de ballet donde la pareja protagonista bailó en el centro de escena. Ella lucía vestido azul y él iba de pelos largos con pieles y pecho desnudo. A lo Romeo y Julieta de la Conquista, los vecinos celebraron la puesta en escena.

El siguiente numero fue un homenaje al Martin Fierro. Una pareja bailó ballet en ropas gauchas y blancas. Detrás, una veintena de bailarines les siguió el ritmo del Malambo de Alberto Ginastera. El lienzo, aparte de aclarar el nombre del tema, levantaba llamaradas hasta lo alto; el reflejo de las flamas movedizas daba en la fachada misma del Colón. Con los cuerpos torneados en el Lago de los cisnes, los bailarines daban patadas y hacían gestos de bolear con elegancia y saludo pampa. Estuvieron al frente de este tramo el
Ballet Estable del Colón y el folklórico Sentires.

Después entró a escena Raúl Lavié con galas militares de época. De botas altas, calzón blanco, chaqueta oscura y capote, leyó “Tierra milenaria”, un recitado del Romancero por la muerte de Juan Lavalle, de Ernesto Sábato: “Y luego noches de silencio mineral / en que vuelve a sentirse el solo murmullo del río Grande, / imponiéndose / lenta pero seguramente, / sobre los sangrientos pero tan transitorios / combates entre los hombres”.

A tono con Lavié, los músicos folcloristas lucían uniforme de chaqueta azulgrana y calzones blancos. En las gradas donde antes se apostó el coro ahora había otros uniformados que ondeaban las banderas de Argentina, del Ejército de los Andes y otros distintivos utilizados en las luchas independentistas.

Siguió la recreación histórica con la dispersión de soldados por todo el escenario. Con el intermezzo de Cavalleria rusticana de fondo y tras oír “La artillería” a cargo de Opus Cuatro, uniformados locales se iban cuerpo a cuerpo contra los colorados realistas. Entre juegos de luces y visuales, hubo detonaciones de bayonetas y el olor a pólvora se esparció en el viento mientras varios guerreros caían al suelo. Otros soldados estacionaron cañones mientras varias chinas ondeaban banderas nacionales. La aparición del pueblo entre los uniformados, sobre todo de mujeres que levaban a los heridos, cerró este tramo. Unas viudas de luto bailaron a sus muertos y luego hubo más arcabuceos y banderas en alto entre la música épica y los tonos negros y rojos de la semi penumbra. A pie se las chinas y los pabellones, cayeron los últimos realistas antes de la victoria criolla y el cierre intenso de la filarmónica. A los costados del escenario había dos cañones pequeños. Los soldados de uniforme nacional los detonaron y su llamarada se desintegró en lo alto de la plaza ante el aplauso del público.

Sobre los cuerpos de los guerreros peninsulares aparecieron los hombres pájaro de Aurora. Bajo su mirada, varias mujeres reposan ante los caídos. La melodía es lenta, nostálgica, de aquello que ya no es. El lienzo viste azul, casi blanco. Las damas se llevan a los de chaqueta roja en brazos mientras aparece un fogón al costado que alumbra a los folcloristas. En el centro de escena, las damas amplían la falda gigante de una mujer de blanco que con los primeros acordes criollos se eleva por los aires.
Así cerró este tramo donde se recrearon las luchas independentistas.

Llega la paz: fiesta de la historia contada por sus colectividades

Tras la recreación bélica, llegó el segmento llamado “La Paz”. Opus Cuatro interpretó “María de los Dolores”, que también forma parte del Romancero escrito por Sábato. En la voz de Lavié se oyó la evocación a Damasita Boedo: “Cuanto tiempo, cuanta pena, / María de los Dolores / Recuerdas el caminito / que recorríamos juntos / cuanto tiempo, cuanta pena”. La dama de blanco se balanceaba por los aires mientras el tono tristón del tema evocó la última marcha de Lavalle y su amada.
Sobre la grada donde primero estuvieron los coristas y luego los uniformados que ondearon las banderas argentinas, apareció Sandra Mihanovich con un ancho faldón bordó y galera negra. “Yo no le canto a la luna / Porque alumbra nada mas / Le canto porque ella sabe / De mi largo caminar / Ay lunita tucumana / Tamborcito calchaquí / Compañera de los gauchos / En la senda del Tafí”, cantó en compañía de Lavié en lo que fue uno de los momentos más celebrados por el público. Abajo, al ritmo de zamba los gauchos y las chinas iban y venían en rondas de baile y ondeos de pañuelos celestes y blancos. “Viva Tucumán”, remata Lavié cuando el aplauso está en lo ato de la noche.

La escena es ahora de los bombos. Más de una docena de jóvenes con ropa de cuero negro coparon la escena, delante de los folcloristas. La impronta de los artistas, entre la raíz tradicional y aires de performance, llamó la atención del público. De los bombos salieron sonidos como galopes, chaparrones y zapateos. El público no se esperaba tanta contundencia y destreza, por eso aplaudió fuerte y con ovación. La segunda parte tuvo más zapateo y coreografía. También hicieron ritmos con el repique de boleadoras en el suelo. De brazos abiertos y a la plaza cerraron la percusión con e instrumento del Martín Fierro.

Luego fue el turno del “Carnavalito el Humauaqueño”, cantado por Tomás Lipán. “Viva nuestra independencia”, arrancó el músico. Su voz se acopló a las quenas y charangos. En los extremos del escenario bailarines con ropas típicas regionales hacían fila para subir a escena.
Mihanovich y Lavié regresaron con el himno a Juana Azurduy. Con criollas y bombos se oyó esta evocación a una de las hacedoras de la independencia sudamericana. Sobre el lienzo se proyectaban animaciones de prados y caballos.

Con velas en las manos, animados por un bombo leve de la introducción de Misa Criolla, entraron los de ropas típicas. Iluminados apenas por las flamas caminaron lento mientras la grada se llenaba otra vez con los coristas, vestidos con pañuelos celestes y blancos al hombro. Entre los que marchaban había a la cabeza una recreación de la procesión a Luján. Ente la concurrencia había cholas, gallegos de boina, murgueras, atuendos incaicos y camperos.

Homenaje a las colectividades y la inmigración

El último tramo temático del espectáculo por el bicentenario que ideó Eugenio Zanetti se orientó en “Los que vinieron – Los Abuelos”. En este tramo la Filarmónica y la Orquesta Estable del Colón hicieron sonar “Barcarolle de ’Les Contes D’ Hoffmann’”, “Torna a Sorrento”, “No Puede Ser”, “Kalinka – Gragmento” y “Amazing Grace”.
Terminada la Misa Criolla, el lienzo del escenario exhibió de lado a lado un barco blanquinegro donde descendían pasajeros con bolsos gigantes. Era un tramo tomado de una vieja película del cine mudo. Se transparentaba la presencia de los músicos sinfónicos y daba el efecto de que ellos mismos estaban dentro del barco de inmigrantes. Se invitó a representantes de colectividades a que se situaran en el centro de escena. Había muchas caras y atuendos vistos en Avenida de Mayo durante la tarde del Buenos Aires Celebra el Bicentenario.

En este tramo cantó Fabián Veloz desde una escalera que simulaba el descenso de un barco. Arengó a las colectividades a identificarse. Abajo había carteles de España, Italia. Nicolás Sánchez también entonó otro tema sinfónico para luego dar lugar a un baile ruso polaco en el centro de la escena. Luego hubo numero de gaita y música lirica para evocar la descendencia británica.

El público despidió con un fuerte aplauso a los representantes de las colectividades. “Es un honor estar acá representando a Italia, vinimos en familia y es también recordar a nuestros descendientes”, dijo a Pura Ciudad Mariano, quien lucía camisa blanca, chaleco y boina mientras llevaba en brazos a su hija Clarita e iba junto a su esposa Aldana. “Mi abuelo era italiano y de ahí seguimos sus tradiciones”, acotó ella.

También en diálogo con este medio, el Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, contó que buscaban dejar en claro que este bicentenario está mechado a las colectividades: “Pensamos en darles un lugar importante y junto a los festejos en Avenida de Mayo sentimos que dimos el lugar que merecen”.

“Esta concurrencia superó nuestras expectativas y entendemos que logramos armar una propuesta artística de calidad para toda la familia. Que sea un festejo el espacio público también nos pareció una buena idea”, añadió.

El turno del tango

En esta recreación de momentos clave en la historia, se volvió sobre el primer tramo del siglo pasado en la ciudad. Mientras sonaba el tango “Buenos Aires” en la voz de Carlos Gardel, en escena se recreaban escenas de la vida cotidiana. El Zorzal le cantaba: “Noches porteñas, bajo tu manto / Dichas y llanto muy juntos van / Risas y besos, farra corrida / Todo se olvida con el champán”. Mientras, en clave de musical, los actores evocaban el contraste entre los sectores de arrabal, donde el barro se subleva, y la aristocracia que vibraba al ritmo parisino de los locos años veinte.
Después hubo un momento para homenajear el nacimiento del cine. Se proyectaron escenas de la película “Viaje a la luna” de Méliès. También hubo fragmentos de piezas nacionales. Apareció Tita Merello cantando “Se dice de mí” y la gente entró a aplaudir bien fuerte. También hubo emoción cuando Gardel cantó “Mi Buenos Aires Querido” en sus años sus años hollywoodenses.

El siguiente salto temporal llegó a 1945, al tramo “Los trabajos y los días”. El lienzo del escenario mostró repeticiones de oficinistas de la vieja escuela con máquinas de escribir. A la par, bailarines recreaban las jornadas de trabajo con ritmo y picardía para hacer una coreografía del tecleo dentro del horario laboral.
Una milonga de paicas del veinte con vestido beige y peinados carré se lucieron con el mejor tango escenario: acrobacia, sensualidad y siempre intensidad. “Por una cabeza”, “La Cumparsita”, “Libertango” fueron algunos de los elegidos en este tramo.

Del cabaret a la estratosfera. Al ritmo de Libertango electrónico, se monto un número con bailarines que lucían leds en sus ropas futuristas. Con giros que incluían barridas por el piso y manos en alto, se abrió la ronda para dar lugar a parejas  de sobrio negro. Los bailarines levantaron por los aires a las parejas de azabache para el chan-chan final.
Le llego el turno a Adiós Nonino, uno de los puntos más salientes de la jornada. Con Walter Ríos en bandoneón, Maximiliano Guerra, Cecilia Narova, Marcos Ayala y Paola Camacho bailaron el himno de Piazolla. En escena se veían dos parejas, una de negro, con frac y lentejuelas, y una de blanco, donde la mujer llevaba un arnés que la hacía dar brincos acrobáticos entre ochos y barridas. Al final, el de negro, Guerra, se va a bailar con la de blanco: Adiós Nonino, pero hola amor entre opuestos.

Coros, patricios y una canción con todos antes de medianoche

Poco antes de cantar himno nacional, quedaban muchos artistas por desfilar en escena. La máquina del tiempo llevó la escena hasta 1908 en el Colón. El lienzo del escenario recreó el interior del coliseo y en lo alto se vio la cúpula en todo su esplendor. Llegaron a escena el tramo “Transición III” donde la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires interpretó “Restoration – Fragmento”. Luego se disfrutó de “¡Al Colón! – Las Divas”, donde se oyeron “Un Bel Di Verdremo”, “O Mio Babino” y La Habanera”.
Por los dos extremos del escenario marcharon representantes de las distintas colectividades. Esta vez llevaban un abanderado por cada país. Se dispusieron a lo largo con los estandartes en alto. “Viva la patria”, se oyó desde el escenario. En este tramo se oyó “Todas las voces”, con el “Va Pensiero – Nabucco” interpretado por la Orquesta Estable del Teatro Colón.

“Fue un gran momento ver el plauso del público, siempre vamos a estar presentes en actividades que impliquen integración”, dijo a Pura Ciudad Jorge, el abanderado de la colectividad de Panamá.
El cierre de oro para todo este despliegue donde cientos de artistas subieron a escena, fue con “Todo Cambia”, interpretado por Carlos Ullán, Enrique Folger, Fabián Veloz, Haydée Dabusti, Carla Holm Filipsic, Paula Almerares y Guadalupe Barrientos, además de Mihanovich, Lavié, Lipán y el Coro Estable del Colón.

Ya a poco de dar la medianoche, subió a escena la Banda Tacuarí del Regimiento de Patricios. Ingresaron primero los músicos al grito de “Patricios a vencer”. Lucieron sus chaquetas rojas y azules, sus gorros altos y negros con plumas blancas. Más tarde marcharon a los costados otros uniformados con bayonetas al hombro. Tocaron la marcha militar “Mi bandera” y cerraron su paso musical con la “Marcha de San Lorenzo”. Hicieron algunas detonaciones de fusil y extendieron la bandera gigante con ayuda de los hombres pájaro del comienzo del espectáculo. Los Patricios se marcharon y quedó al pabellón albiceleste que el público aplaudió largo rato.

Faltaban algunos minutos para medianoche cuando se iluminó el sector de la Orquesta Estable del Colón. Sobre el lienzo del escenario se proyectaron los colores celeste y blanco y empezaron los acordes del himno. Los vecinos se pusieron de pie para cantar a la par de los cantores de “Todo Cambia”, presentes en el centro del escenario.

El cierre con epistemología y la sabiduría de Mastropiero

Algunos minutos habían pasado de la medianoche cuando parte del público se retiraba de la plaza por el frío. Eso a contramano de lo que ocurría en las equinas de 9 de Julio y Lavalle y en la otra esquina con Libertad, donde había pantallas gigantes, continuaba la enorme concurrencia.
Luego de acomodar un piano de cola en el centro del escenario, aparecieron los cinco integrantes de Les Luthiers para dar cierre a la jornada por el bicentenario.
Al principio se oyeron abucheos desde las esquinas. Se quejaban porque no se escuchaba lo suficiente. Tras ajustar el volumen, los cinco humoristas iniciaron su espectáculo. Arrancaron con una de piratas y majas, que incluyó todo tipo de equívocos y giros lingüísticos.
Luego evocaron a Johann Sebastián Mastropiero, al que el público aplaudió con intensidad. De él se escuchó su “Blues Opus 14” llamado “del Fortín”. “Del Fourteen”, alargaron los músicos.

Para el cierre, se hicieron de dos de sus temas más celebrados: la cumbia de la Epistemología y Los jóvenes de hoy en día. El público coreaba los temas, puesto que son de los más populares, y aún así, los chistes de estas canciones aún despiertan carcajadas frescas, gracias también al ímpetu que ponen los artistas en escena.
Les Luthiers se abrazaron y saludaron al público, que no paraba de aplaudir. Tras su salida incluso algunos pidieron más canciones un largo rato, mientras la mayoría desconcentraba las esquinas y la Plaza del Vaticano.