Devoto: la lectura como espacio lúdico y de contención para familiares de los internos del penal

La Asociación de Literatura Infantil y juvenil de la Argentina jueves por medio hace actividades en la Fundación Esperanza Viva (Bermúdez 2640).

Es mucho tiempo de espera. La requisa, el papeleo, las colas; por no contar los colectivos o trenes desde su hogar. Los familiares de los internos del Complejo Penitenciario de Villa Devoto (Comuna 11) hacen un gran esfuerzo para no perder el contacto. Esas horas, a lo largo de meses y años, pueden ser tiempo muerto, un limbo improductivo donde la cabeza se mueve todo lo que no puede el cuerpo. Sin embargo, hay quienes trabajan para hacer que esos momentos sean amenos y enriquecedores.

Estas experiencias se viven dentro de la Fundación Esperanza Viva, un espacio ubicado en Bermúdez 2640, frente al penal. Lo fundaron en 2006 el matrimonio de Rubén Calabretta y Ana María Bongarra. Buscan dar asistencia y oficios a las familias de los detenidos: “La clave pasa por el contexto familiar: hay que preparar el terreno para que cuando recuperen la libertad encuentren la casa distinta a como la dejaron”. Según datos oficiales, los condenados y liberados que vuelven a delinquir son el 40% de los internos. Estudios y oficios intramuros ayudan a bajar esta cifra.

En Esperanza Viva, por convenios con el Ministerio de Justicia de la Nación, hay distintas propuestas para las familias que ayudan en ese sentido. Una de las más novedosas está orientada a la lectura. La Asociación de Literatura Infantil y juvenil de la Argentina (ALIJA) lleva adelante el Programa de promoción de la lectura en situaciones de encierro con media docena de voluntarios.

La vicepresidenta de ALIJA, Marisa Silvina Vidal Varela, explica a este medio: “Nos llamó la Fundación NET que hace deportes con los internos en acuerdo con el Ministerio de Justicia de la Nación. Acá nos dan la posibilidad de trabajar con el entorno de los presos, su familia. El espacio sostiene que para que la persona se rehabilite necesita un entorno que lo contenga, se trabaja el afuera para que cuando la persona detenida salga pueda sostenerse”.

“Si lográs un lector en la familia, eso se replica después como un espacio de encuentro. Buscamos erradicar el libro como objeto o juguete. Es un espacio para el dialogo, para pensar el mundo, pensarse a uno en el mundo y pensar otros mundos posibles”, agrega. “Los libros los llevamos nosotros, son ediciones para bebés, libro álbum, cuentos ilustrados, novela juvenil y libros silenciosos. Nosotros les narramos, leemos poesía, compartimos los relatos hechos de imágenes. Somos especialistas en literatura infantil y juvenil, narradoras, docentes, autores apasionados por los libros”.

De este modo, se postula a la lectura hábito comunitario: “En su mayoría son mujeres adultas y una pequeña proporción de niños. Se los invita de a poco a la lectura. Muchas personas que esperan ya se conocen entre sí y tienen vínculos, hablan, se ponen al día. Quienes gustan de sumarse a las lecturas luego les termina sirviendo para poner en palabras la situación que viven y también abrir una puerta a que puedan imaginarse en realidades diferentes”.

En cuanto a la reacción de los niños, sostiene: “Siempre es fantástica. Lo que propongas se enganchan. Hay más predisposición, todo es nuevo para ellos. De manera lúdica que ellos estén leyendo sirve para enganchar a los adultos”. “A los grandes hay que desvincularle la lectura al ámbito formal, a la escuela. Acá es lúdico, interrumpimos una lectura, cambiamos libros, es dinámico”, agrega.

“Nos encontramos con muchas experiencias movilizadoras. Una mujer vino con la nieta de siete años. Le leí a la nieta y otra compañera a la abuela, que se fue compenetrando con la historia. Se emocionó y nos agradeció. No fue por el cuento (El pájaro del alma), sino porque, nos dijo, nunca le habían leído. “Mi mamá era analfabeta, es la primera vez que alguien me lee a mí”, nos confió”, evoca Vidal Varela.

Con estos encuentros buscan formar “adultos promotores de lectura”, quienes pueden interactuar en un ida y vuelta con los niños. Hay libros “silenciosos hechos de imágenes” donde los más chicos pueden “recrear la narración como quieren” para transmitírselas a sus padres.

La Asociación de Literatura Infantil y juvenil de la Argentina estará hasta noviembre en este espacio. “El trabajo fuerte es también con las voluntarias de la Fundación, para que una vez que ALIJA se retire, el espacio quede consolidado y ellas continúen con la tarea”. Se intensificarán las actividades durante las vacaciones de invierno. En lugar de hacerlo jueves por medio, estarán tres veces en el mes. Harán talleres y narraciones especiales.

También se piensa extenderlo intramuros en Devoto: “Con los varones se piensa un taller de paternidad, en general son hombres jóvenes. Se trata de darles herramientas para acercarse a los hijos no solo por juegos básicos como fútbol, sino implementando otro tipo de dinámicas. Que haya una nueva forma de relacionarse con la familia que sirva una vez que esta persona recupere su libertad”.