Centro Numismático Buenos Aires: medio siglo de coleccionismo e historia

Tuvieron sede en el Palacio Barolo y ahora pueblan una casona antigua de San Cristóbal.

Convertir una lata llena de telarañas, billetes y monedas viejas en una colección ordenada es un arte. Entender y disfrutar del proceso es una pasión que hace 50 años se vive y aprende en el Centro Numismático Buenos Aires (CNBA).

En la elegante casona de la avenida San Juan 2630 (San Cristóbal, Comuna 3) los cientos de socios de esta organización civil y cultural sin fines de lucro se reúnen los jueves desde las 18.30. En ese tiempo comparten impresiones en las salas alumbradas por arañas, entre vitrales y diplomas, estudian las monedas en el laboratorio, actualizan la biblioteca de dos pisos o simplemente comparten una taza de café y charlan de las vivencias semanales. También se encuentran los días que hay talleres, charlas y capacitaciones, aparte de cuando editan libros o la revista del Centro.

El actual presidente del CNBA, Facundo Vaisman, define a la numismática como “la ciencia que estudia los medios de pago: monedas, billetes; también fichas, vales y medallas”. Luego agrega que es una forma de adquirir saberes de historia, geografía, técnica, arte, economía, seguridad. En el aspecto social y humano, destaca que, pese a la enorme cantidad de información en internet, el Centro es un espacio para compartir esta pasión: “No hay barrera etaria. Vienen chicos de 20 años y grandes de setenta y pico. Todos se sientan a charlar. Se comparten vivencias. Es la calidez del cara a cara”.

Andrés D’Annunzio es tesorero y expresidente del CNBA. De modo similar asegura: “Acá encontrás una familia. Eso no lo tenés en una colección privada. Tenés relaciones personales. Te nutrís de los saberes del otro, pero también se desarrollan lazos”.

Miguel Morucci, vocal y expresidente del CNBA, ingresó en 1982. Se enteró de su existencia cuando compró monedas en el local que un exsocio del Centro atendía en el microcentro porteño. Sin embargo, su colección había iniciado antes: “El verdadero comienzo en la numismática está cuando algún familiar te da una o varias moneditas. Es el anzuelo inicial para morder”.

Su caso está ligado a la historia misma de la Ciudad de Buenos Aires: “Mi abuelo materno era inmigrante del sur de Italia. Se dedicaba a las verduras. Trabajaba en el Mercado de Abasto Proveedor. En el fondo de su casa plantaba verdura y tenía árboles frutales. Una vuelta quiso arrancar radichetas y se encontró un montón de monedas de cobre. Me las regaló. Ese fue el anzuelo, ligado a algo afectivo de la familia. Con el tiempo me enteré que la casa de mi abuelo, donde yo nací, estaba en una de las esquinas de la antigua estancia San Benito de Palermo, que perteneció a Juan Manuel de Rosas”.

Fernando Perticone, secretario del CNBA, dice que “comprar monedas en la Feria de San Telmo (Comuna 1), el Parque Rivadavia o el Parque Centenario (Caballito, Comuna 6) es el semillero”. “Uno empieza juntado piezas en forma aleatoria. Te volvés coleccionista cuando adquirís un catálogo y encontrás un sentido a la colección”.

D’Annunzio asiente y dice que empezó juntando fichas en el Parque Rivadavia y que otra persona le habló del CNBA: “Llegué y me sentí bien recibido. A mí me gusta mucho coleccionar y empecé a enterarme de las distintas cosas que se podían estudiar”.

Estas historias se replican en los actuales 265 socios activos, más 20 socios vitalicios. También hay instituciones colegas asociadas con las que comparten correspondencia. El CNBA se organiza con una comisión directiva. “Los grandes están atrás y nos marcan el camino. La comisión directiva está integrada entre socios activos y miembros con experiencia”, señalan.

Si bien todos coinciden en que a la hora de coleccionar el “límite es el bolsillo de cada uno”, Vaisman asegura que también uno puede investigar sobre colecciones y piezas. “Uno pasa de juntar en forma suelta a coleccionar. Se espera que el paso siguiente sea poder divulgar esos conocmientos. Hay cientos de temas sobre los que no hay información ni en libros ni en internet. Acá fomentamos que los socios puedan elaborar documentos para su divulgación”.

El Centro Numismático Buenos Aires nació el 26 de diciembre de 1968. Lo fundaron miembros de la extinta Asociación Numismática Argentina (ANA). Empezaron a reunirse en casas de socios y lugares prestados. Luego compraron una oficina en el histórico Palacio Barolo de la avenida de Mayo 1370 (Comuna 1).

Miguel Morucci, vocal y expresidente del CNBA, cuenta: “La compramos cuando éramos varios socios. La oficina era chiquita, estaba en el séptimo o noveno piso. Teníamos la primera biblioteca del Centro. Había una mesa y varias sillas. Nos juntábamos y teníamos nuestras reuniones ahí”.

En 1989 se compró la sede actual. Primero fue la Agregaduría Comercial de Rusia, lo cual explica su arquitectura fina, sus vitrales y su laberíntico diseño. Luego fue una empresa maderera. “Ese año uno de los socios, Daniel Villamayor, hizo el contacto para que la pudieran comprar. La empresa estaba por quebrar”, recuerda Morucci.

Recorrer el lugar es una aventura en sí misma. Al entrar se sube por una escalera hasta el primer piso, donde está la secretaría y las demás salas. Hay placas fechadas en 1989 que celebran la adquisición de la sede. Una sala principal tiene una vitrina con cientos de monedas catalogadas. Arriba hay balanzas y distinciones de entidades colegas. Al lado hay una mesa vidriada con publicaciones que integran la biblioteca del Centro.

En el recorrido también damos con una habitación donde se estudian las monedas en forma detallada. Hay microscopios, herramientas digitales de medida. “Es la forma exhaustiva de apreciarlas y así evitar falsificaciones”, cuenta Andrés D’Annunzio. Aclara que coleccionar piezas falsas es un modo de coleccionismo que siguen muchas personas.

La biblioteca del Centro tiene dos pisos. En el primero los muros lucen diplomas y certificaciones de capacitaciones referidas a la numismática. También hay algunas tapas de la revista Caras y Caretas. Una foto en lo alto del socio Villamayor hace recordar su trabajo. “Fue uno de los que más hizo por la biblioteca. Él tenía todos los libros en la cabeza. Tras su muerte tuvimos que catalogar todo nosotros”, cuentan.

Hay una caja de plástico con llaves y pedazos sueltos de metal. “Es que queremos hacer una placa para fijar por los 50 años. Cuando tengamos suficiente material lo vamos a fundir y poner en la pared”, cuenta D’Annunzio.

El segundo piso atesora todas las publicaciones del CNBA y de entidades colegas, nacionales y del exterior. La pulcritud y el orden son ley, pese al exorbitante nivel de ejemplares.

En cuanto a la divulgación, el CNBA cuenta con un museo virtual en su página oficial. “El Museo virtual y permanente del Centro Numismático Buenos Aires es un espacio en constante actualización donde encontrará las distintas colecciones organizadas por temas, pudiendo de este modo el visitante, recorrer la historia numismática argentina”, explican sus hacdores.

“Nuestro objetivo es de este modo colaborar con investigadores, historiadores, numismáticos y coleccionistas, preservando y mostrando el pasado para dejar un legado en este espacio a las futuras generaciones donde no sólo se reflejen los avatares de nuestra historia monetaria sino también el largo camino de la medallística nacional. Cabe destacar el invalorable apoyo de los señores socios que aportando imágenes digitalizadas de su material hacen posible que esta exposición virtual permanente pueda estar al alcance de todos”, añaden.

A futuro, en el CNBA tienen varios proyectos, todos relacionados con la difusión de la numismática. En concreto, aspiran a abrir nuevas aulas en la sede social. “A veces los tiempos no nos dan y nos gustaría poder hacer más talleres. Tenemos dos charlas a la vez y se escucha el sonido de la otra. Con nuevas aulas se pueden dictar las clases en buenas condiciones”, señalan.

“Cumplimos años y lo vivimos como una alegría y una responsabilidad de seguir adelante. Es parte del desafío. Hay un sentido de pertenencia tal que cuando la sede lo demanda nos ponemos el overol y estamos tardes enteras refaccionándola. Es muy fuerte. Se vive una experiencia de compartir conocimientos, pero también una experiencia humana. Eso es clave en el CNBA”, concluye el presidente Vaisman.