Detuvieron en Recoleta a banda de clonadores de tarjetas

El caso fue caratulado como “averiguación de estafa”.

La Policía de la Ciudad de Buenos Aires detuvo a una banda de clonadores de tarjetas en el barrio porteño de Recoleta (Comuna 2). Se trata de tres hombres y una mujer de nacionalidad colombiana.

Según informa el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño, efectivos de la comisaría 17 divisaron en Callao y Guido a estas personas cuando salían de un cajero automático “en actitud sospechosa tras permanecer durante un lapso considerable de tiempo dentro del mismo”.

Las cuatro personas al notar la presencia policial “se tornaron nerviosas y subieron a un taxi”. Los policías decidieron frenar el vehículo para identificarlos.

Ante dos testigos, los efectivos policiales requisaron a los cuatro individuos, encontrando entre sus pertenencias una billetera con 12 tarjetas, cintas adhesivas con inscripciones numéricas y bandas magnéticas y varios tickets con consultas de saldo.

Este tipo de material adulterado, es utilizado por delincuentes que clonan las tarjetas de sus víctimas, para luego extraer el dinero de los cajeros.

Al consultar con el Juzgado Criminal y Correccional N°47, a cargo de la Dra. Mónica Berdion de Crudo, ésta dispuso el traslado de los imputados de nacionalidad colombiana a la Comisaría 17 de la Policía de la Ciudad, quedando el caso caratulado como “averiguación de estafa”.

Según el Banco Francés, el método de clonación es “tan rápido que cualquier persona puede convertirse en víctima sin haber sentido ningún tipo de anomalía en los procesos de pago habituales”. “Los ladrones consiguen acceder a nuestros datos para transferirlos a una tarjeta en blanco o realizar transacciones online, para lo que ni siquiera hará falta el clonado físico”.

Los clonados de tarjeta se producen con un pequeño aparato llamado Skimmer de bolsillo. “Es difícil de detectar tanto por nosotros como por los jefes de personal”, aseguran los representantes de la entidad. Es un aparato que utiliza la tecnología usada por los cajeros automáticos para leer la banda magnética de las tarjetas. En este caso se realiza la lectura pasándola por una pequeña ranura y los datos quedan almacenados para transferirlos posteriormente a un ordenador.

“Esto puede pasar en cualquier comercio mediante hábiles movimientos de mano y juegos de despiste. Imaginen lo siguiente: Al pagar, el cajero comprueba que el lector no funciona así que lo pasan por otro que, ahora sí, acepta el cargo. Podría esconder un Skimmer en el primer terminal y haber realizado la copia delante de nuestros ojos”, indican en el Banco Francés.