El deporte preferido de Harry Potter cobra vida

El quidditch, deporte preferido de Harry Potter, el mago que protagoniza la septualogía de Joanne K. Rowling, cobró vida en Edimburgo, la misma ciudad que vio nacer el millonario bestseller, de la mano de un grupo de fanáticos.

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Rowling escribió el primer volumen de la saga en un café del corazón de la capital escocesa y allí también ideó el deporte favorito del aprendiz de mago que, envuelto en un halo de magia en las novelas con bolas flotantes y escobas voladoras, cobra características parecidas al básquet en la versión «muggel» (humanos sin poderes mágicos).

La cancha está compuesta por tres aros de hula-hula que cuelgan de una cuerda entre dos árboles, donde hay que embocar una bola lanzándola con la mano y evitando al arquero, mientras se está atento de no dejar caer una escoba que se lleva entre las piernas y de evitar al arquero.

Si bien el “quidditch de muggels” es bastante conocido en Estados Unidos donde se juega entre universidades desde 2007, a Reino Unido llegó apenas hace un año, trascendió en la agencia alemana de noticias DPA.

The Holyrood Hippogriffs, el primer equipo escocés de quidditch, se reúne todos los sábados a jugar en los Meadows de Edimburgo, con sus arqueros, cazadores encargados de embocar la bola (quaffle) en los aros rivales, y golpeadores que repelen a sus contrincantes lanzándoles más bolas.

Lo más estremecedor de la adaptación «muggel» probablemente sea la «snitch» —en la novela una pequeña esfera de oro que vuela a altísimas velocidades y marca el fin de juego y la victoria para quien la atrape— encarnada por una persona vestida de dorado que con una pelota de tenis adherida a la cintura del pantalón corriendo por la cancha. Quien consigue atraparla gana 30 puntos.

“El quidditch es diferente de cualquier otro deporte —afirmó Johnney Rhodes, una jugadora de 19 años— porque no se separa a varones y mujeres, sin contar que hay que correr con una escoba entre las piernas….”.