El Rinconcito: una década de patín al aire libre en Puerto Madero

Cientos de personas celebraron el aniversario de estas clases gratuitas con recorridas callejeras.

Se cumplieron 10 años de transmitir una pasión. El Rinconcito es un grupo de fanáticos del patín que se reúnen en Puerto Madero (Comuna 1) a enseñar los secretos del equilibro a cientos, miles de personas. Lo hacen con clases básicas y con recorridos callejeros por el barrio más joven de la Ciudad de Buenos Aires. El último sábado de febrero hubo una fiesta aniversario llena de color, cotillón y risas. Lo más importante fue la enorme concurrencia de nuevas y viejas camadas para apoyar este proyecto que combina amistad, disciplina y salud.

Previo al comienzo del festejo, los miembros de El Rinconcito charlaron con este medio. “Esto lo hacemos porque nos gusta. No se cobra nada. Hay mucha gente que quiere aprender a andar en patín y nosotros ayudamos. Vienen acá y dan sus primeros pasos”, dice el coordinador Gabriel Ainbinder. Agrega que integran el grupo Patín En Línea (PEL), una comunidad que divulga la actividad deportiva en la Ciudad de Buenos Aires y alrededores. Allí se organizan varias veces al año recorridas de gran escala por las calles porteñas.

El logo de El Rinconcito es un muñeco símil Playmobil con un casco rojo que dice Newbie (novato, aprendiz) en letras blancas. Este guiño a la rigidez de la mayoría a la hora de patinar por primera vez se vuelve una complicidad entre quienes entrenan. “Antes practicaba sola en el Rosedal, me mataba. Luego conocí acá y vine. Los chicos me orientaron. Le tomé la mano gracias a la onda que le ponen. Es una salida para el que empieza, luego hay otros circuitos más experimentados”, dice Ángeles, que los conoció en 2011.

Este espíritu de compartir y enseñar está latente desde los comienzos. “Lo inició una deportista y al año le pasó la posta a tres personas. Fui el único que continuó y por suerte se sumó muchísima gente nueva a esta idea”, dice Pablo Gastón García.

“En cada encuentro se explican las medidas de seguridad, se da la clase, se enseñan tres formas de frenar, a moverse en la calle, a subir bajar y cordones. Hay cosas que parecen pavadas pero al momento de arrancar a andar son necesarias. Luego se pone en práctica todo lo que se aprendió”, cuenta Diego Bruno, parte del equipo de El Rinconcito desde 2013. “El límite se lo pone cada uno. En caso de que haya un menor, le pedimos que asista con un adulto”, agrega su par Federico del Campo.

Poner en práctica lo aprendido significa tomar la calle y recorrer el barrio. Horas antes de cada encuentro, los miembros de El Rinconcito se juntan y con un mapa sobre la mesa trazan cómo será el trayecto del día, cuadra por cuadra. Esta escena digna de una partida de TEG luego se hace carne cuando al caer el sol las decenas de personas que hacen sus primeros kilómetros toman las calles porteñas.

“Habitualmente la vuelta son ocho kilómetros. No se lo decimos a los que vienen por primera vez porque les parece mucho. Igual es una vuelta ideal para quien inicia”, dice el coordinador Rubén Pennino. “Los autos nos respetan. Madero tiene cuadras anchas. La persona que dice que no da más, se puede sacar los patines y salir caminando sin problemas”, agrega su par Emmanuel Arce, uno de los más jóvenes del proyecto.

Para muchos, poner las ruedas sobre el asfalto es la hora de la verdad, ver cuánto dominan el patín. Para otros, es momento de divertirse. “Es la parte que más disfruto”, dice a este medio la adolescente Iara, que conoció el Rinconcito a través de redes sociales y la segunda vez que fue a patinar fue para la fecha aniversario. Su amiga Micaela opina todo lo contrario: “Es la parte más difícil”. Facundo, otro miembro del grupo, es todavía más cauteloso: “Venía de andar mucho en el Rosedal de Palermo, pero todavía no me animo mucho a la calle acá”. Sin embargo todos coinciden: “Cuantas más veces a la semana se practique, mejor”.

Frenar es lo difícil. Al menos es lo que dice la mayoría de los “roleros” consultados por este medio. María, una vecina de Balvanera que empezó a andar en junio del año pasado en el Rosedal de Palermo, nos dijo: “Al principio me costaba mucho. Busqué en redes sociales y encontré este lugar. El primer día me enseñaron lo básico. Ellos te dan una confianza terrible. Antes no salía a la calle a andar. Primero te da miedo, pero ellos están tan pendientes de vos que llega un momento que te olvidás, vas cómoda. Ahora voy con confianza por las calles de Puerto Madero. Entreno todas las veces que puedo a la semana”.

Parte de esa confianza se traduce en las precauciones que toman los miembros de El Rinconcito. Cuentan con botiquines de primeros auxilios (uno por coordinador) y handies para supervisar las recorridas. En general uno de ellos va a adelante, otro en el medio y otro atrás. Para costear estos elementos, los miembros ofrecen pines y calcos a los entrenados. “Es a voluntad, acá nadie se queda sin patinar por no tener. A nosotros nos encana hacer esto y queremos que más gente lo disfrute”, dice Ainbinder.

El Rinconcito no está hecho solo de adrenalina y kilómetros a toda velocidad. En palabras de María, “es un lugar lleno de gente con la que te podés hacer amiga”. Renata, que patina desde 2011, recuerda que luego de comprarse los patines dio vueltas varias semanas: “Le perdí la vergüenza de caerme y me sumé”. Ella pone en palabras el sentir de varios deportistas, que han sido parte todos estos años de El Rinconcito: “Cuando das vuelta a Madero no te sentís solo. El grupo de gente es súper copado, te van animando a ir haciendo cada vez más cosas”.