El skate porteño vive su mejor momento

Cuando la tarde deja respirar un poco y las sombras de los árboles se prolongan como capotes protectores del sol, los pibes de Villa del Parque (Comuna 11) se arriman a la pista de skate de Plaza Elena Larroque de Roffo (Beiró y la vía). Como un potrero para deportistas en cuatro ruedas, la concurrencia es variopinta: nenes que agarran una tabla por primera vez, adolescentes que llevan el ritmo vertiginoso más allá de cada obstáculo; los más entrenados, que viven el deporte como una disciplina tibetana. Familias, grupos de amigos, gente sola: todos en armonía ríen y disfrutan entre rampas y escaleras de cemento.

Estas pinceladas individuales hacen a la pintura del gran momento que vive el skate porteño. Así como en Villa del Parque, se puede dar un vistazo al Converse Skateplaza de Belgrano (Figueroa Alcorta y Juramento); Lugano 1 y 2 (Soldado de La Frontera y Napoleón); Mataderos (Parque Alberdi); Plaza Houssay de Recoleta (Córdoba y Junín); al parque multidisciplinario de Costanera Norte, Parque Centenario, Barracas (Herrera 350) y Palermo (Plaza Haití).

El gobierno afirma que asisten por día cerca de medio millar de personas al parque de deportes extremos de Costanera Norte. Cuatro años atrás, diez mil skaters anduvieron por Plaza de Mayo y alrededores para pedir más pistas públicas. El 21 de junio es el Día Internacional del Skate, momento en que los patinadores celebran en las pistas su entusiasmo por el vértigo y la velocidad.

La nutrida presencia de skateparks es el presente de una extensa y rica historia que transcurrió en las calles de esta ciudad.

A fines de los 70, la pasión llegó en barco

Los primeros skates llegaron como chucherías al puerto de Buenos Aires en años de la Plata Dulce y otros tejes de los Años de Plomo. Muchos padres ligaron esas tablas con ruedas a su propia infancia, cuando en la primera mitad del siglo pasado se tiraban de las lomas de Parque Lezama en carritos de madera rústica con rulemanes de taller mecánico.

Los niños de esa generación, hoy por los cuarenta y muchos, hicieron del skate un vertiginoso placer que llevaron por las calles de su barrio y, más tarde, por sitios de encuentro, “spots” o skateparks.
Rodrigo Lantarón sitúa como un punto fundacional el puente de la Facultad de Derecho (Figueroa Alcorta y Pueyrredón, frente al conjunto de plazas que rodean el cementerio de la Recoleta). Da testimonio de esta versión el patinador Javier Bianco en Mundo Skater: “Salí de andar en las veredas de mi barrio (Palermo) y fui a Plaza Francia en Recoleta y vi cientos de skaters tirándose por una bajada y saltando rampas hechas con terciados en forma de planos inclinados. No parábamos de hacer downhills (ir en bajada a toda velocidad) una y otra vez. Era todo increíble”. La vereda de ATC y la loma del monumento a Mitre fueron y son puntos linderos bien concurridos.

Un dato de color, cita Lantarón, es la primera aparición de un skate en pantalla grande argentina: “La tabla con 14 trucks (los hierros fijados a la tabla) y 28 ruedas hecha por Leccesse especialmente para Jorge Porcel en “Custodio de señoras” (1979). Se puede ver cómo El Gordo abolla un Ford Falcon al impactar con éste”. Ocurre en el puente de Recoleta. La película es anterior a la celebradísima patineta voladora de Volver al Futuro.

Fin de milenio y nueva época en las calles

Para fines de los ochenta habían abierto y cerrado varias pistas en zona norte. En los años noventa el deporte creció y experimentó varios cambios, entre ellos el rediseño del skate: pasó de ser la tabla ancha con una sola punta levantada a refinarse y levantar ambos extremos. Se amplió el abanico de piruetas, con mayor precisión en rampas y bordes.

En Buenos Aires los skaters se volvieron parte del paisaje urbano, con una estética entre el rap por las ropas anchas y el punk por la música y el ánimo aventurero. Un buen testimonio de época es el programa “El otro lado”, que conducía Fabián Polosecki en ATC. Un capítulo se llamó “En la calle” y rescata vivencias en el espacio público de la Ciudad: canchas de bochas, rockeros, amigos de barrio y patinetas. Las tomas del programa están hechas en Plaza Alemania (Libertador y Cavia, Palermo Chico). Por sus escaleras y su piso firme se hizo un punto de encuentro concurrido, hasta una reciente puesta en valor del gobierno local que incluyó enrejado y guardianes.

En los noventa, otro sitio popular era el Correo Central, hoy CC Kirchner. La vereda de Sarmiento y Alem era ideal por su piso liso y sus escaleras de granito. Sobre los escalones muchos corredores llevaban zapatillas y repuestos para vender. Era una especie de segunda mano para todos los bolsillos y gustos. Allí se filmaron muchos videos que hoy en día se rastrean por internet en tónica de registros históricos.

En Parque Patricios está el Hospital Garrahan, frente a la ex Cárcel de Caseros. Alrededor del centro sanitario hay una plaza enorme con piso liso, canteros y desniveles. En ese sitio se criaron varias camadas de skaters. Muchos de ellos hoy en día continúan con la práctica sobre la vereda de la calle sur, puesto que ya no permiten andar dentro del predio. El año pasado la Secretaría de Atención Ciudadana había lanzado un concurso público para reparar el mejor spot porteño. Ganó este reducto del sur capitalino.

Otros sitios con historia son la estación Medalla Milagrosa de la Línea E (sur de Parque Chacabuco), el skatepark que alguna vez funcionó en el club Vélez Sarsfield; Parque Rivadavia; la pirámide de la Biblioteca Nacional; Parque Sarmiento; Backside Skatepark (una de las mejores pistas, estaba en Flores, hoy hay un garage); o cualquier escalera o desnivel del Microcentro durante el fin de semana, cuando las calles estaban vacías, listas para andarlas.

En el presente son concurridas Plaza Vaticano, frente al Teatro Colón; el ingreso al Ministerio de Economía (escalera de 12, más caída por el desnivel); Costanera Sur (cerca del anfiteatro atrás del monumento hecho por Lola Mora); entre otros.

Cambio de paradigma porteño: nuevas y muchas pistas públicas

“Las pistas públicas es lo que todos estuvimos esperando por años y gracias a Dios están apareciendo”, dice Bianco. Él, como otras figuras de la vieja escuela, coincide en que la llegada de predios gratuitos fomenta el crecimiento de este deporte. Como una suerte de potreros para nuevos talentos, los skapteparks que abrieron en los últimos ocho años modificaron la práctica.

“La idea fue fomentar los deportes extremos, que el deporte llegara a donde antes no lo hacía, dotar de infraestructura específica a los adeptos, que ya se valían de la arquitectura urbana para sus prácticas, incluso en enclaves peligrosos”, razonó hace dos años el entonces subsecretario de Deportes porteño, Francisco Irarrazaval, con motivo de la llegada de Tony Hawk a la Ciudad. Fue un evento para posicionar a Buenos Aires como hito internacional.

Hoy en día es posible ir un día de semana en plena madrugada, por ejemplo, al skatepark Converse y encontrar gente en plena práctica. “Es como cuando abrís canchitas de fútbol: se llenan, hay gente todo el tiempo, se genera un buen clima de amistad, compañerismo, lo mejor que puede pasar para que el skate crezca y para que nosotros practiquemos y mejoremos”, cuenta uno de los habitúes del Skateplaza. El sueño de viejas leyendas hoy es una situación cotidiana.

De emprendedores y fomentistas

El skate, aún hoy, cuenta con pocos profesionales que vivan en forma íntegra del patrocinio o sponsoreo. Muchos abrieron comercios o crearon su propia firma de ropa y accesorios. Un caso es el de Bianco, quien a mediados de los ochenta había lanzado las tablas Criminal y luego los truks Flyer. Una de las experiencias más longevas es One Love, en la mítica galería Bond Street (Rodríguez Peña y Santa Fe). Las tablas y ropa Tree comparten galería y años en el negocio.

Con estos antecedentes, en la actualidad son muchos los jóvenes que emprenden. Un caso es el de las tablas Whiro, cuyos referentes durante mucho tiempo tuvieron su taller al fondo de una fábrica en Parque Patricios. Utilizan diseños propios, pintados con la técnica del stencil. La distribución se realiza vía redes sociales o canales digitales de pago. Es el caso de muchos otros proyectos que buscan difundir el deporte y generar una industria local sostenible.

En los estados Unidos fueron indispensables los medios alternativos para la difusión del skate. Un ejemplo es la revista Trasher, que inició como una especie de fanzine caótico y mutó en una multiplataforma vista en todo el mundo. En los años noventa la Videomagazine 411 mostró a los mejores corredores del momento.

A nivel local se replicaron estas experiencias. En el pasado las primeras filmaciones se hicieron bajo el sello Ojo de Pez Videomagazine. También “Pibes de la Calle”, en la década pasada, registró la movida en Buenos Aires y el interior.

En el presente hay un buen puñado de revistas, con ediciones en papel y digital, especializadas en el tema, escritas y editadas por corredores. Buenos Muchachos y Gossip son de las históricas, que vienen desde hace añares y abordan la movida skater con fotoreportajes, entrevistas y crónicas de viajes.
Otros nombres son Siete Capas, Mundo Skater, Wallride, Skate Argentino, Carrito Loco; a las que se suman decenas de Fan Pages en redes sociales y perfiles de deportistas para estar al tanto de fechas, torneos y aperturas de pistas.

Igualdad en cuatro ruedas

Uno de los motivos por los que el skate vive un momento de plenitud es por la gran cantidad de mujeres que se suman a la pasión por las cuatro ruedas. Lo que tiempo atrás era una rareza, hoy es parte del paisaje de todos los días.

Quienes son testigo de este crecimiento son las hacedoras del Girls Assault, existente hace una década. Según sus hacedoras, este movimiento busca “la difusión, progreso y promoviendo el skate femenino de Argentina”. “Lo hacemos por medio de notas en nuestra web, como por eventos para hacer crecer la escena local y con el Circuito Nacional de Skate Femenino Girls assault que se realiza en todo nuestro país”, añaden. Participan en forma activa en jornadas especiales como sesiones o torneos por el Día de la Mujer y otras fechas especiales.

Este es el sexto año que organizan circuitos anuales. Habrá en 2016 cinco torneos. El primero de ellos se realizará en Rada Tilly, Chubut. Incluirá puntos porteños. Destacan que las participantes ganadoras sumarán puntos para el ranking nacional.

En la escena femenina del skate ya hay nombres de peso, inspiración para nuevas camadas. Algunos de ellas son Noe Canaparo, Eugenia Ginepro, Paula Rodríguez, Vanessa Rodríguez, entre otras. Muchas, como es el caso de Ginepro, cuenta con un llamado “pro-model”, que es un diseño de tabla con su nombre. Para los corredores de todos los tiempos siempre fue un reconocimiento por su desempeño.

De los niños setentosos que se tiraban barranca abajo frente a la Facultad de Derecho a las generaciones actuales hay un gran trecho de experiencias y anécdotas. A todos, sin embargo, los une el mismo escenario: Mi Buenos Aires skater.



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