El trueque llegó a la cultura: hacen un evento en Palermo para intercambiar discos, libros y objetos

La actividad se hará el 6 de octubre a las 17 en Levitar (Godoy Cruz 1715). Alan Ojeda, uno de los organizaciones, dijo a Pura Ciudad: “Mientras más gente se sume a gestionar, mejor”.

El 6 de octubre a las 17 en Levitar (Godoy Cruz 1715) se hará la fiesta cultural Mini Moog. “A las lecturas y la música sumamos el espacio para el intercambio de bienes: libros, ropa, discos, productos de elaboración propia. Traé lo que quieras y llevate otra cosa”, dicen los creadores de esta propuesta.

“Tras una pausa prolongada, volvemos con un formato adaptado a los tiempos que corren: entendiendo que el contexto económico y social es un garrón, es necesario seguir construyendo espacios que sirvan de refugio para esta subjetividad pos liberal que destruye el poder de acción”, agregan.

Habrá lecturas de Florencia Benson, Elsa Drucaroff, Felix Cáceres; y música de Nico Merlini, Carles Escudero.

Pura Ciudad habló con Alan Ojeda, escritor, docente y uno de los organizadores de Mini Moog sobre la decisión de habilitar el trueque en este evento cultural.

 

¿Quiénes son los que hacen esta movida?

El grupo es bastante dinámico. En un principio éramos el escritor y Dj Carlos Godoy, Miguel Marconi, que también es Dj, y yo, que escribo y que suelo hacer las veces de gestor cultural armando algunos eventos. Ahora, en verdad es más amplio. El apoyo logístico y la participación de algunos Djs y amigos que asistían siempre hace que no podamos decir que somos sólo nosotros. También está Nico Merlini, melómano, Dj y cabeza del emprendimiento Tundra discos (https://www.facebook.com/tundradiscos/?ref=br_rs); Luis Pompa,  Dj, apoyo logístico e integrante de KinzeJam (https://www.facebook.com/kinzejam/); Choi, Dj y compañero de ruta encargado de llevar a la pista el glam Funky y disco; Caro Castro, escritora y encargada de traer, estoicamente, la feria de libros de varias editoriales; SofiMele que se ha encargado de las visuales en varios de nuestros eventos, etc. Es decir, los que hacemos esta movida somos, literalmente, todos. Depende de las circunstancias, de lo que amerite la fecha, de la propuesta, de las necesidades, el grupo va moviéndose e integrando gente. La idea es que no seamos un grupo estático sino una comunidad dinámica. Borges dijo en una entrevista que la amistad puede prescindir de la frecuencia. Esto es lo mismo: nadie que quiera colaborar está obligado a hacerlo continuamente. Los lazos que componen este tipo de relaciones prescinden totalmente de la frecuencia y la adulación. Es algo más similar al concepto de TAZ de Hakim Bey: construir una zona temporalmente autónoma donde sea posible otro tipo de socialización.

¿Cómo surgió?

En otro contexto de crisis: Post Time Warp. Varios lugares comenzaron a cerrarnos las puertas para hacer fiestas electrónicas por miedo a que el gobierno los clausure. En ese momento comenzó a suceder algo muy absurdo: la agencia gubernamental de control (AGC) entraba a cualquier bar que pasara música electrónica y los amenazaba con clausurarlos por el tipo de música. Una persecución similar sólo se dio durante la época de Thatcher en Inglaterra. Te daban un papelito con una definición troglodita de música electrónica que abarcaba, si uno lo piensa bien, cualquier cosa, desde cumbia hasta Rihanna.  Entonces, en ese contexto sólo podíamos crear una movida que fuera ambigua ¿Qué pasa si entra la AGC al bar y hay gente vendiendo libros, vinilos, escuchando electrónica y recitando poesía al mismo tiempo? ¿Qué tipo conceptualización va a poder hacer? Funcionó.

En simultáneo empezamos a conducir, con un grupo igual de dinámico y de manera bastante caótica, ÁreaMoog (https://www.mixcloud.com/areamoog/) un programa de radio que salía por UrbanaBA (https://www.facebook.com/radiourbanaba/?ref=br_rs) y que funcionaba como otra pata del proyecto. Invitabamos a Djs (Cesar Berger, Fuocco, Dan Chelger, Pablo Valentino, por nombrar algunos), escritores y editores (Martin Dubini, Elsa Drucaroff, Victoria Cóccaro y Matias Laxe, Bob Chow, Ezequiel Fanego) y creadores de proyectos tan diversos como PAF! , Martín Parodi de Tegan& Sid y El Pibe Ninja.   El programa era muy caótico, pasábamos de discusiones metafísicas, políticas y de prácticas revolucionarias, al humor negro, la Deep web, los bitcoins, el misticismo y la música electrónica. Cada programa era una ruleta rusa. Todo eso fue posible gracias a Eduardo Román que nos dio el espacio y a Cresta, que fue nuestro operador y terminó transformándose en un integrante más.

Al mismo tiempo esto se empezó a desplegar a otros proyectos como Club Fantasma (una especie de discoteca nómada) y Suculenta, otro ciclo de música electrónica. Fue fundamental encontrar espacios para que se retroalimente la movida.

El punto más alto del proyecto fue, quizá, la miniMOOG que hicimos en el Centro Cultural Recoleta para el Recoleta 24hs gracias a IvanMoiseeff, con lecturas con performances electrónicas que terminó con May Mac Laren cerrando la noche con el patio del aljibe literalmente lleno de gente y una feria editorial y de vinilos gigante.

¿Cuál fue la propuesta inicial?

Cuando surgió la idea tuvimos que buscar lugar. Hablamos con Fabrizzio Alarcón, dueño de Levitar Bar y Levitar Records, al que había conocido en un programa de radio en Urbana BA. Le interesó que la propuesta fuera algo más que una fiesta, que tuviera un interés cultural más amplio. Hay que pensar que el problema principal es el del público. Cuando un espacio o proyecto está en crisis, lo que hay que lograr hacer es expandir el público, que la propuesta alcance más gente. El vinculo de editoriales+literatura+electrónica permitió salir de la lógica del ghetto. En los ciclos de poesía se conocen todos entre sí, en los de música electrónica también, pero rara vez están en contacto entre ellos, salvo por honrosas excepciones.

Siempre hay que saber interpretar la lógica del enemigo. El capitalismo hace algo similar. La crisis se transforma en un punto de inflexión para su propia reformulación para alcanzar nuevos límites, para atomizar más la sociedad y adentrarse en los niveles más ínfimos de nuestra vida. Nosotros buscábamos proceder igual, pero a la inversa. Reformular, reestructurar, ampliar y constituir un nuevo espacio de circulación para los bienes culturales.

¿Cuál es el principal problema por la crisis?

La plata. Nuestra relación con el placer está muy mediada por el consumo. Es muy común ver como la destrucción del poder adquisitivo tiene dos movimientos opuestos. Por un lado decrece la expectativa de encontrar espacios de placer y goce, una pasión triste que nos lleva a la resignación y a dejar de lado todo proyecto y toda posibilidad constructiva. Ese tipo de reacción nos autodestruye y nos vuelve más permeables para continuar en la lógica de la vida mula. Por otro lado, van apareciendo, diseminados por la ciudad, pequeños grupos de resistencia donde lo que se busca es mantener el disfrute, el placer y el goce, a pesar de, en contra de la crisis. No es azaroso que cada crisis venga de la mano con una especie de shock emocional que paraliza a la sociedad. No es azaroso que en momentos de crisis el acto de disfrutar, de tener un momento de ocio, sea sólo para aquellos que tienen los medios económicos, y que al resto de la sociedad (clase media y baja) nos hagan sentir culpables porque deberíamos estar rompiéndonos el lomo trabajando. La fiesta es el lado opuesto de la frase “de la crisis se sale laburando”.

Esto te obliga a, si estas armando un evento, un ciclo o lo que sea, pensar que tenés que poder equilibrar esa relación entre la necesidad de crear espacios para el disfrute y la ausencia de capital. En un principio (2016 y parte del 2017) la situación no era tan crítica y uno aún podía gastar algo en las salidas y comprarse un libro. Ahora estamos en un momento crítico. No tenemos consciencia alguna de lo que vale el dinero, sólo sabemos que trabajamos mucho, ganamos poco y la plata se deshace en las manos antes de llegar al bolsillo. Eso genera mucha impotencia, y luchar contra ese sentimiento es el deber principal del mundo del arte y la gestión cultural independiente. Decirles a todos: no estás privado de disfrutar.

¿Qué los lleva al trueque?

Lo que te dije antes. La plata es sólo un medio, importante pero no el único. Todos nosotros tenemos un montón de cosas en nuestras casas que estaríamos dispuestas a cambiar por otras que nos gusten o interesen. Eso nos obliga, al menos momentáneamente, a abolir la fetichización y el pensamiento del valor expresado en unidades monetarias. Si yo llevo un libro, que se que es un libro bueno, cuyo valor excede lo monetario (un libro de Cohelo puede valer más que uno de Joyce y no por eso es mejor), lo que voy a buscar en el intercambio no es un equivalente en dinero sino una relación más directa: ¿me interesa o no me interesa? ¿Mi interés en ese objeto es equivalente al interés que tengo por este que tengo en la mano?

El trueque, en este sentido, en una comunidad con intereses bastante similares, puede ser bastante bueno. Sabemos, de ante mano, que el otro puede tener algo que nos interesa, porque presuponemos que hay un mundo en común, pro abstracto que sea. Eso refuerza la idea de un vínculo social mucho más fuerte que la mera presencia o la transacción monetaria. Nos ponemos en contacto con el otro, con la relación que el otro tuvo con el objeto, etc. Al menos por unas horas, la noción de valor de las cosas que intercambiamos se vuelve menos etéreo. Detrás de cada objeto hay una persona, una historia, un valor que ya no es la intersección de la oferta y la demanda.

Al mismo tiempo, es una referencia bastante obvia, a nivel contextual, al el 2001 y el famoso “Club del trueque”. De una manera violenta y desagradable, en el 2001 uno un quiebre en lo que podríamos llamar “realidad consensual”. Muchos presupuestos y ficciones, sobre todo el del valor del dinero (¿Cuántas monedas llegaron a circular alrededor de todo el país?) se encontraros caminando sobre hielo quebradizo. Frente a eso, hubo que encontrar nuevas formas, y la sociedad las encontró en una especie de organización anarco-primitivista.

¿Cómo esperan que responda la gente?

Bien. Esperamos que la idea del trueque reavive un poco. Mientras más gente se sume a gestionar, mejor. Somos una comunidad abierta, casi un colectivo. Lo importante es que la gente sepa que desde el momento que participa, leyendo, intercambiando cosas y bailando, está formando parte del proyecto de una manera u otra. Toda participación, en un espacio así, es activa. Nadie es simplemente un espectador.

¿Cómo ven la movida cultural en la ciudad a mediano plazo en el contexto de crisis?

Depende lo que haya aprendido la gente de las crisis anteriores. Los periodos de tranquilidad y bonanza nos hacen olvidar que siempre estamos en la cuerda floja. Nos relajamos, nos limitamos al consumo, y nos olvidamos que el campo económico y político es una guerra sin tregua. Cuando damos por ganada esa guerra, toda nuestra productividad intelectual decrece. Cuando perdemos terreno, lo gana el aspecto más horrible del capital. Cada vez que creamos un ghetto, nos cerramos y decimos “Acá estamos bien, acá estamos seguros”, estamos camino a la decadencia. Un colectivo, una comunidad, tienen que ser lo contrario del ghetto. Ni excluidos, ni excluyentes; ni ser marginado ni marginar. Un colectivo o comunidad dinámica tiene que ser una disyunción inclusiva “…y…y…y…y…y…y…y…y, etc”.

Esto implica que no tenemos que hacer más sino SER MÁS y hacer las cosas MEJOR. Si vas a editar un libro, que ese libro no sea para satisfacer el ego de nadie, ni lanzado a una comunidad mínima y empobrecida (como es la de casi todos los que participamos de la cultura independiente), porque te vas a quedar sin compradores muy rápidamente. Si tu venta depende de tu ghetto, esa economía es muy fácil de destruir. Una comunidad aislada, y sin recursos, dura poco o experimenta pobremente. La crisis pone a prueba nuestra capacidad de gestión de lo social con recursos limitados. ¿Cuán capaces somos de construir comunidad cuando lo que se disuelven son los vínculos económicos que no hacen creer que todos formamos parte de lo mismo, siempre que podamos consumir? Cuando se quiebra esa ficción, hay que empezar de nuevo. Siempre hay que estar preparado. Fracasa de nuevo, fracasa mejor.