En solitario, el oficialismo aprobó los nuevos Códigos Urbanístico y de Edificación

Fue el mismo número que en la primera lectura, con rechazo de toda la oposición. Hubo un fuerte operativo de seguridad para que los vecinos no protesten en la puerta del edificio parlamentario.

Este jueves, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó en forma definitiva los nuevos Códigos Urbanístico y de Edificación, para regular el tejido urbano porteño durante las próximas décadas. Se validaron con los 34 votos en solitario de la bancada oficialista Vamos Juntos. Hubo 24 votos negativos de la oposición. En la puerta del edificio parlamentario hubo un fuerte operativo de seguridad a cargo de la Policía de la Ciudad. Los vecinos que denuncian que se favorecerá la especulación inmobiliaria pegaron carteles y pancartas contra las vallas.

El dictamen para tratar los Códigos se firmó el 28 de noviembre en la Comisión de Planeamiento Urbano, presidida por la legisladora Victoria Roldán Méndez (Vamos Juntos).

En la sanción inicial, ocurrida en septiembre de este año, el oficialismo también fue el único en validar estos códigos con sus 34 votos; hubo 20 negativos y seis abstenciones del bloque Evolución. Entre el 31 de octubre y el 7 de noviembre se desarrolló en cuatro jornadas la audiencia pública por el Código Urbanístico. El de Edificación tuvo dos jornadas. Hubo 500 y 300 disertantes, respectivamente.

La propuesta original se planteó a fines de 2016 a través del Plan Urbano Ambiental de la Ciudad. Luego hubo discusiones en las Comunas y hasta un foro en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad, en Parque Patricios (Comuna 4).

Según el Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte porteño, en el nuevo Código Urbanístico se establecen alturas máximas de construcción para “respetar la identidad de cada barrio”. También se ordena la estética de las cuadras, para propiciar “un espacio público más amigable y se promueve una ciudad con varios ejes y centros de comercio y esparcimiento”.

“Se plantea un desarrollo urbano consciente a partir de la identificación y creación de unidades sustentables, que se desarrollarán entre avenidas o calles transitadas”, añaden fuentes oficiales.

“El nuevo código respeta, y a su vez dota de sustentabilidad a las áreas patrimoniales e identitarias conocidas como Áreas de Protección Histórica -APH. Respecto al proceso de reurbanización e integración socio-urbana de los barrios vulnerables, se regulan los principios y contenidos mínimos que deben aplicarse a través de la gestión participativa, reconociendo la diversidad de los barrios y promoviendo su inclusión a la trama urbana. A su vez se proponen áreas de renovación urbana en el Riachuelo, que no solo aportan al desarrollo de esa zona, sino que además promueve su articulación metropolitana con la Provincia de Buenos Aires, buscando que el Riachuelo deje de ser una barrera urbana”, analizan.

“Con el nuevo Código el 70% de la Ciudad de Buenos Aires tendrá menos de cinco pisos. Se eliminan los criterios cuantitativos presentes en el CPU (FOT, FOS y la tangente) para respetar la constructividad de cada una de las parcelas. Esos criterios hacían que el CPU sea “interpretativo”, permitiendo la construcción de edificios elevados que hoy vemos en la Ciudad y en muchos casos son disruptivos de la morfología de un barrio”, añaden.

La Ley de Plusvalía, que se aprobó en la sesión ordinaria de este jueves 29 de noviembre, se relaciona con estas nuevas alturas permitidas en el Código. Es un impuesto por el nuevo valor del suelo tras la modificación del Código Urbanístico: “Habrá parcelas de la Ciudad en las que se podrá construir más. Este valor adicional que adquiere la propiedad gracias al cambio de normativa que realiza el Gobierno de la Ciudad, es llamado plusvalía urbana”. El dinero obtenido se usará para vivienda y equipamiento social; obras de infraestructura de transporte y servicios; espacios públicos; integración de barrios vulnerables.

Hubo cambios entre la primera y segunda lectura. Por ejemplo, vecinos de Saavedra (Comuna 12) alertaban que se propiciaba la apertura de la calle Vilela, entre Donado y Machaín. Si esto ocurría iba a partir al medio la Parroquia Sagrada Familia, el Instituto Santa María de Nazareth y la residencia geriátrica del histórico inmueble. También se desechó una apertura de la calle Zamudio en Agronomía (Comuna 15).

En tanto, el nuevo Código de Edificación “elimina la obligatoriedad de la vivienda del encargado y la reemplaza por un vestuario; incorpora nuevos materiales y sistemas de construcción más eficientes, como el durlock y el Steel Framing; elimina la obligatoriedad de usos de materiales específicos”.

Promueve en las futuras construcciones el uso de iluminación led, filtros solares, la incorporación de tanques de acopio, estacionamiento para bicicletas, entre otros.

Habilita la construcción de microambientes (desde 18 metros cuadrados), elimina la obligatoriedad del bidet.

Introduce además la perspectiva de género y diversidad sexual planteando una arquitectura inclusiva en lugares públicos con la habilitación de los baños unisex, baños familiares, y la inclusión de cambiadores de bebés en sanitarios masculinos.

“Lo que este Nuevo Código intenta superar, es que como consecuencia de los rápidos avances tecnológicos, la normativa edilicia quede desactualizada, proponiendo en consecuencia un código innovador, cuya estructura basada en un cuerpo principal que establece los parámetros a cumplir, cuyas especificaciones serán determinadas en reglamentos técnicos, permita que las edificaciones de la Ciudad se encuentren a la vanguardia con las principales ciudades del mundo”, explican los fundamentos de la iniciativa.

Este jueves, una vez conocida la aprobación de ambos códigos, el Observatorio del Derecho a la Ciudad expresó: “Se aprobó en soledad, sin el apoyo de la ciudadanía ni de los partidos de la oposición, dos de los códigos más importantes de la ciudad”.

“En semanas previas, se realizaron las Audiencias Públicas correspondientes para tratar el contenido de ambos códigos aprobados en primera lectura. Se inscribieron alrededor de 700 ciudadanos y ciudadanas. Efectivamente participaron aproximadamente el 50% de los inscriptos. Casi en forma unánime la ciudadanía expresó el rechazo a estos códigos expresando profundas críticas”, agregó.

En un comunicado, el ODC expone: “Desde sus orígenes, tanto el Código Urbanístico como el de Edificación fueron formulados con y para los desarrolladores inmobiliarios, para su seguridad jurídica y para garantizar futuros negocios inmobiliarios. El blanqueo inmobiliario y el aumento de la capacidad constructiva  que promueven el Código refleja estos intereses. Basándose en el criterio de inducir un aumento estimativo de la población de la ciudad a seis (6) millones de residentes”.

“Profundizará el colapso de los servicios públicos y la crisis habitacional. Generará el aumento del valor de la vivienda con un mercado inmobiliario absolutamente desregulado. Las futuras viviendas serán de 18 m2. No otorga ninguna respuesta a las actuales deficiencias y necesidades poblacionales en términos de infraestructura de servicios públicos, de espacios verdes, de transporte y de equipamientos básicos de salud y educación. Tampoco da respuestas sobre cómo equilibrarán estas demandas que se incrementarán conforme al aumento de la densificación poblacional como consecuencia del aumento de las edificaciones. De las 900 páginas del Código Urbanístico sólo se destina un párrafo a la cuestión de los servicios públicos domiciliarios”, alerta.

“No garantiza la protección de las propias identidades de los barrios, sectores y manzanas que desde el Plan Urbano Ambiental expresamente fomentaba con la debida atención proteger y potenciar. Está orientado a promover un blanqueo de las ilegalidades e irregularidades inmobiliarias generadas a partir de los permisos de obra y habilitaciones que han sido otorgados no respetando el actual Código de Planeamiento, o a partir de la ausencia de control del estado. Este blanqueo es gratuito. Los que no respetaron las leyes no pagarán absolutamente nada para que la Legislatura subsane sus ilegalidades”, denuncia.

“No generará que disminuya el precio de las viviendas. Este Código deja absoluta libertad al tipo de viviendas a construir que en los últimos años aproximadamente la mitad han sido viviendas suntuosas. Tampoco establece la exigencia que las construcciones deban tener un uso real y concreto, lo que ha generado que el 10 por ciento de las viviendas de la ciudad se encuentren ociosas. Es un código abstracto porque persigue en términos morfológicos la unificación de los perfiles en altura, sin tener en cuenta las propias especificidades de las zonas que atraviesa, ni la situación real de las manzanas que serán impactadas. Duplica la posibilidad de aplicar la excepción de Enrase o Completamiento de Tejido que conllevará la destrucción de la morfología que se pretende instalar con el Código, e impide una real proyección del horizonte poblacional que tendrá una zona”, concluye.