En una charla durante su desaparición, Nadia Rojas pidió a su madre que levante la denuncia

El fiscal Federico Delgado investiga quién o quiénes ejercieron influencia sobre la menor para estar lejos de su hogar en Villa Lugano.

Nadia Rojas, la joven de 14 años oriunda de la Villa 20 de Villa Lugano (Comuna 8) que estuvo un mes desaparecida. Fue encontrada en el barrio porteño de Parque Patricios (Comuna 4). Durante el tiempo que estuvo lejos de su casa, mantuvo contactos telefónicos con su madre, Elena Rojas Paucará (foto), según la investigación que lleva adelante el fiscal Federico Delgado, donde también participa la PROTEX (Procuración General de la Nación). En esas charlas, la niña contó que trabaja en una pizzería del barrio de Flores (Comuna 7), que cobraba un sueldo como mesera y que no había sido raptada. Por eso, pedía a su madre que retire la denuncia policial por averiguación de paradero.

Delgado quiere que amigos y compañeros de la escuela René Favaloro de Villa Lugano, donde iba Nadia, declaren bajo cámara Gesell. Según testimonios, varios de ellos hablaban con la joven durante el mes de su desaparición. Otra denuncia apunta a la disco El Basilón, en el barrio porteño de Liniers (Comuna 9), que era frecuentada por Nadia y su grupo. Se allanó, pero no surgió evidencia sustanciosa.

Delgado y su equipo encontraron dos huecos llamativos en la escucha telefónica el sábado 8 de julio, algo que hace sospechar que Nadia o sus presuntos captores sabían que estaba siendo escuchada por la justicia y que existiría un posible conflicto en casa de los Rojas, explicó Infobae. “Yo me fui de casa por razones X, sabés muy bien”, dijo Nadia a su mamá, literalmente. “Yo voy a terminar de pagar aunque sea…”, dijo Elena en un momento, desesperada mientras hablaba. “¿Pagar qué?”, se pregunta Delgado en privado.

Nadia: Te estoy llamando para decirte que estoy bien.

Elena: No me digas si estás bien, te paso a buscar, decime dónde estás, si querés nos vamos lejos.

Nadia: Estoy viviendo en Flores. Estaba trabajando como mesera en una pizzería, me pagan mil pesos por semana, con eso puedo alquilar una pieza.

Elena: La vez pasada me dijiste lo mismo.

Nadia: Estoy solita. No quiero que metas en quilombos a los demás, la policía acá mete a todos, no quiero eso… Estoy bien así. Ya me estoy dando cuenta de las cosas. Quiero que retires la denuncia, no puedo caminar por la calle porque ya salí en la tele. Si vuelvo, vuelvo a casa, pero no ahora. Nadie me tiene, estoy bien. Solo quiero que sepas eso. Tampoco quiero que te enojes conmigo por haberme ido de casa.

Elena: ¡Es mentira que estás trabajando!

Nadia: No es mentira, si me creés bien, y si no, no. Te voy a llamar para citarnos en un lugar y volver a hablar.

Elena: Pero llamame…

Nadia: Mañana te voy a llamar, pero no le digas a nadie que te llamé. Pero tratá de levantar la denuncia y no metas más a personas. Me enteré que un chico fue a declarar, un chico que conozco, que trabaja en La Salada y fueron a allanar a su jefe. Te voy a llamar a eso de las cinco, te llamo desde una cabina, me compré ropa y zapatillas. Te amo ma, te extraño mucho.

Elena: ¿Pero me vas a llamar de verdad? ¡Volvé por favor, ya no puedo más!

Nadia: No quiero que llores.

Elena: ¿Y qué quieres? ¿Que me cague de risa? ¿Que estoy en una fiesta?

Nadia: No me grites, por eso no se puede hablar con vos. Te voy a mostrar dónde estoy viviendo, dónde estoy trabajando, vas a ver que estoy bien en mi departamento.

Elena: Bueno, bueno, yo voy a ir a levantar la denuncia. ¿Dónde nos vemos?

Nadia: En la Plaza Flores, ahí te veo. Mañana te voy a decir, dale… ¿Te puedo pedir un favor? Necesito que me lleves unas zapatillas y un pantalón de jean. En el trabajo me piden jean y estoy yendo con uno solo.

Elena: Yo te voy a llevar eso. Si necesitás plata te llevo.

Nadia: Plata tengo de sobra… ¿Retirá la denuncia, sí? ¿Cómo está mi gato? ¿Está allá?

Elena: No, se escapó, igual que vos. Todos se fueron, el gato se fue, tú te fuiste.

Nadia llora al oír esto. “Chau, ma, te amo”, responde. Elena da por terminada la conversación sin cortar la línea. Se la oye llorando, hablando con otras personas.

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