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En vez de cigarros, ahora le dejan flores a la tumba de Gardel

Una tradición porteña se tornó libre de humo.

Ir a la Chacarita en busca de la tumba de Gardel es un rito tan porteño como recorrer las pizzerías de calle Corrientes o tomar café en los bares de Avenida de Mayo. El sepulcro del Zorzal, en medio del paisaje de lápidas y verde, está coronado por una estatua tamaño real en cuya mano, reza la tradición, hay que dejar un cigarro prendido. Es una ofrenda para el Morocho que cada día canta mejor.

A tono con los tiempos libres de humo en bares y lugares cerrados, varios turistas que acuden a este monumento optan por cambiar el pucho por flores. Así, como muestra la foto que ilustra este texto, el bronce de Gardel ya no necesita de ceniceros ni encendedores.

“Se lo ve más feliz”, bromea Rosario Scarpazza, una de las tantas visitantes de la Chacarita que, a tono con los aires de los nuevos tiempos, le dio una vuelta de tuerca a una tradición con alma de cafetín.

Foto: Rosario Scarpazza

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