Las artes circenses se renuevan para ejercitar el cuerpo y la mente

Como una práctica de tonificación, muchos elijen las actividades circenses en lugar del gimnasio. Otros tantos acuden al clown como experiencia de liberación emocional.

Como una práctica de tonificación, muchos elijen las actividades circenses en lugar del gimnasio. Otros tantos acuden al clown como experiencia de liberación emocional.

Cuando la patria nacía entre callejas de la vieja Buenos Aires, el circo ya estaba ahí. A la par de las luchas contra ingleses y godos, durante el Cruce de los Andes, en pleno ajedrez de unitarios y federales, estaban las risas, la sorpresa, el susto del truco imposible. Jinetes, acróbatas, payasos, volatineros se roban la atención de las familias porteñas desde hace más de 200 años.

Joaquín Duarte, Joaquín Oláez y Gacitúa. La Plaza de Toros del Retiro, la vieja Alameda y los arrabales del sur. Nombres y geografías para miles de funciones en el Plata. Algunos pasajes de aquel tiempo quedaron en la narrativa nacional, por ejemplo las novelas de Héctor Pedro Blomberg. En La mulata del Restaurador (1932) se mencionan las peripecias del Circo del Retiro, cuna de payasos y volatineros, en plena época de Rosas. Hay abundante material del tiempo posterior. El grueso de las reseñas históricas, entonces, marcan el antes y el después con una fecha, una obra y una compañía: los Hermanos Podestá en 1886 con Juan Moreira dieron arranque al circo criollo tal como se conoce en el presente.

Desde ese momento en adelante, los artistas vagabundos, con el nombre de su compañía como patria, llevaron su hogar en forma de carpa por los rincones de la Vieja y Nueva Aldea, los alrededores y la campaña adentro. Había un ida y vuelta entre números festivos de destrezas y pasajes teatrales, sobre todo interpretaciones de hechos y personajes históricos. En los márgenes de la historia oficial resuenan las anécdotas de actores a quienes el público confundió, y corrió, con los originales Urquiza, Rosas y tantos otros que hoy llevan nombre de calle.

La historia y las funciones continúan a lo largo del tiempo y llegan hasta el presente con una rica tradición. Lejos de la idea del circo como un espacio de maltrato animal o incluso las deformidades humanas (como muestra la célebre película blanquinegra Freaks de Tod Browning), la apuesta por lo lúdico y la expresión oral y corporal dan vida y búsqueda a la mística circense.

Hay muchas escuelas de circo en la Ciudad. Entre ellas se destacan Circo Criollo en Monserrat y el Teatro Mandril de San Cristóbal o el Polo Circo de Parque Patricios.

Idea de esta experimentación la el clown, dramaturgo, docente y director Walter Velázquez. Así explica al payaso, su especialidad: “El clown sos vos mismo en estado puro, para bien o para mal. Es aprender a hacer humor propio. Cada persona es un ente de humor. La técnica del clown es la codificación de lo que hace el payaso de circo. El clown rompe la llamada cuarta pared, la que está entre él y el público, constantemente. El payaso para mi gusto siempre se ríe de la autoridad, no del más débil, entonces nunca podría burlarse de un niño, sino buscar su complicidad”.

Entendido en el tema, cuenta sobre la historia del clown local: “Comenzó Enrique Federman. Las primeras mujeres que fueron Cristina Moreira y Raquel Sokolowicz que venían de estudiar en Francia. Moreira fundó el Clú del Claun, que fue el primero de Argentina. Estaba, entre otros, Batato Barea. Fueron los padres del clown de sala. De ahí nacimos nosotros. En la calle, los Hermanos Videla, Circo Chico, Circo Ciclo”.

La práctica del clown va en paralelo a actividades artísticas contemporáneas como la poesía oral (Slams) o incluso el stand up. Las tres ponen al actor-artista en primer plano. Su voz y su cuerpo son sus únicas herramientas para llegar al público. Hay distintas corrientes de entrenamiento, pero el momento de romper esa cuarta pared se hace papable entre risas.
En el presente hay muchas escuelas de circo en la Ciudad. Entre ellas se destacan Circo Criollo en Monserrat (Chile 1584), donde hay talleres de acrobacia, tela, equilibrio, contorción, elongación. El Teatro Mandril de San Cristóbal es otra meca circense. Coincide con la enseñanza en su gran galpón de Humberto I y Jujuy y suma espectáculos de acrobacia, malabares y arte multidisciplinario.

Muchos acuden allí con la intención de perfeccionarse e integrar grupos con la dinámica de vieja escuela andarina. Otros tantos toman estas prácticas como una disciplina física, como un entrenamiento que va a la par de la ejercitación en gimnasios o en pistas de atletismo. El circo con más de doscientos años se ve las narices con los nuevos modos de entrenar y el resultado es una camada de circenses con el eje en lo muscular.

También son usuales las obras del circuito off que arriesgan por espectaculares puestas en escena con lo mejor del baile y la coreografía. La obra Desilusiones. De putas y payasos se exhibió, con dirección de Nicolás Pérez Costa, durante buen tiempo en el teatro El Cubo del Abasto, con un elenco de una veintena de artistas de distintas disciplinas. Esta pieza es solo una de tantas que se pueden disfrutar en la escena alternativa porteña.

La Convención Argentina de Circo, Payasos y Espectáculos Callejeros es una reunión anual creada por artistas y para artistas del humor y el circo que en noviembre pasado cumplió veinte años. La reunión que congregó a artistas del cono sur se hizo en Polo Circo de Parque Patricios (Garay y Combate de los Pozos), dependiente del Ministerio de Cultura de Ciudad.

Este reducto artístico ubicado en pleno pulmón verde del sur es la respuesta oficial para potenciar la disciplina circense. Allí se montan espectáculos internacionales y se dictan capacitaciones. Se la incluyó en la primera edición de La Noche de los Teatros y también se hacen visitas guiadas.

El gobierno porteño también mantiene latente la práctica circense en las colonias de verano (Subsecretaría de Deportes, CABA). Entre el abanico de propuestas lúdicas y deportivas pensadas para los chicos y chicas de los barrios porteños, se incluyen números de destrezas y acrobacia.
También en el espacio público se puede disfrutar de la mística circense. En primer lugar, bien vale repasar los cientos de artistas de semáforo. Los artistas de la luz roja se inclinan por los malabares a la hora de hacerse el día moneda sobre moneda. Los hay quienes van con tres pelotas (de todos los tamaños y colores). Los y las más audaces van derecho a las clavas en llamas.

Las plazas y paseos son también punto de encuentro de aspirantes a las compañías de circo. En la Plaza Boedo, por caso, es usual ver a acróbatas en tela. Uno de los laterales del pulmón verde boedense cuenta con vigas de una antigua estación de tranvías. Allí los artistas cuelgan sus telas y ofrecen espectáculos de destreza ante el público ocasional entre la calma sencilla de las tardes porteñas. Los tiempos cambian pero las risas siguen ahí.

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