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Little Darwin: la curva oscura que quiere convertirse en barrio

El viejo edificio Dell’Acqua y un futuro emprendimiento suman vida a uno de los últimos rincones Bronx de Palermo y su “conurbano”.

Enrico Dell’Acqua no lo sabe porque está muerto, pero, a su manera, acaba de fundar un barrio. Entorno de la fábrica textil que él levantó a principios del siglo pasado hay una curva adoquinada de dos cuadras que puja por tener marca propia, ahí donde no es ni Palermo Soho ni Palermo Queens ni Palermo Outlet. Little Darwin, como el cartel del futuro inmueble de la esquina de Darwin y Loyola, le sienta bien y da cuenta de su breve recorrido desde Córdoba: unas cuadras de parsimonia que sin embargo en el día a día los vecinos padecen como la boca del lobo.

Es cuestión alejarse unos metros de la esquina para salirse del ruido ensordecedor de bocinas y motores que congestionan el puente de Córdoba y Juan B. Justo. Un giro a la izquierda y el silencio entra a ganar terreno.

El primer vistazo es la parte sur del conjunto de plazoletas ubicadas bajo el puente. De un lado de Av. Córdoba, donde empieza Palermo, hay un asentamiento improvisado de varias familias. Enfrente, del lado Villa Crespo, hay unos cuantos bancos y unos pasajes en torno a Juan B. Justo. Darwin viene a ser una segunda colectora sentido al sur. Da la bienvenida por esta arteria un auto despellejado por el óxido, que parece estar hace años y, peor aún, parece que estará muchos más.

Al 1200 de Darwin hay un gran galpón que -según denuncian los vecinos-, está tomado. Está a pasos de las vías, donde de vez en cuando personas en situación de calle arman fogatas o apilan maderas para refugiarse del frío y la lluvia.

La calma se hace menos acogedora cuando uno mira la mano izquierda y ve un cartel pintado en aerosol que advierte: “Zona de robo estéreos”. Como un grafiti de la resignación, esa alerta se repite en boca de vecinos consultados por este medio.

El clima de paredones derruidos, cartelones y casas bajas de la vieja escuela dan lugar a la Casa Dell’Acqua, una mole de ladrillos de Darwin y Loyola. Hoy es hogar de oficinas donde funcionan productoras que trabajan en el Distrito Audiovisual de Dorrego y Conde (límite de Palermo y Colegiales). Dentro de la Casa se pueden conseguir filmaciones de la Tevé local inhallables en Youtube, logística y todo tipo de soluciones para la pantalla chica, grande y mediana.

Lo que hoy es el detrás de escena de series, programas y películas, cien años atrás tuvo un perfil obrero.  A fines del siglo XIX llegó al Río de la Plata el milanés Enrico Dell’Acqua. Empezó con un modesto emprendimiento textil que ramificó en los barrios porteños y el interior del país. Tuvo una fábrica central en Corrientes y Serrano, que se incendió en 1901. Entonces Enrico mudó su proyecto a Darwin y Loyola en 1906.

En la actual traza llegó a emplear a miles de personas y abastecer sus tiendas porteñas y provinciales que cerraron a principios del año 30. En Independencia y Boedo aún se puede apreciar el viejo edificio de su Sucursal Boedo junto al histórico mural de venecitas que corona este ingreso al barrio.

Algunos historiadores afirman que en la fábrica de Darwin se dieron algunos de los sucesos de la Semana Trágica del verano de 1919, donde las masas obreras se rebelaron contra condiciones indignas de trabajo.

Luego de ser sede de Casa FOA en los años ochenta, la Casa Dell’Acqua conserva detalles patrimoniales de gran valor como su portón de ingreso por Darwin y sus herrajes labrados con las siglas CD en forma ovalada.

En la planta superior, al lado de las antenas satelitales están en pie las chimeneas de ladrillo. El interior si bien fue acondicionado para hacer departamentos de techos altos, piso de madera y habitaciones amplias, aún conserva la impronta de gigante fabril, de castillo con muros enladrillados a la guardia del paso del tren.

Este viene a ser el corazón del Little Darwin y será su copiloto el futuro conjunto de dúplex (10 en total, con 12 cocheras y un local comercial a la calle) en la esquina de Loyola, de la mano de enfrente. De hecho, su emblema emula los herrajes de la ex fábrica Dell’Acqua para dar arraigo al emprendimiento.

“Acá es tranquilo, son oficinas y por eso hay movimiento, pero pasan las 18.30, se empieza a ir la gente y no queda nadie, la poca policía que hay se va (algunos agentes de a pie más patrullajes esporádicos). Yo bajo la persiana temprano porque a quién le voy a vender algo”, nos dice Oscar, dueño desde hace tres años del cafetín ubicado frente al edificio Dell’Acqua.

Otros vecinos consultados aseguran que en Darwin entre Córdoba y Loyola hay una “boca de lobo” que al caer la noche se vuelve intransitable. Aseguran que esto se debe a que en las calles internas hay varias casas tomadas.

Aparte plantean que muchos aprovechan la poca iluminación para consumir drogas y alcohol durante la madrugada. En una recorrida encontramos varios huecos llenos de encendedores rotos, cientos de colillas de cigarro y varias latas quemadas.

Esta zona es un eslabón perdido del proceso de modernización en Palermo y todas sus variantes. Mientras al pie del puente  de Juna B. Justo y Córdoba se yergue un edificio que roba el paisaje, a metros, plena curva de Darwin, los vecinos respiran el aire del último Bronx.

La impresión de los consultados, quienes prefirieron el anonimato, es que la vigencia del edificio Dell’Acqua y nuevos emprendimientos inmobiliarios, gastronómicos y culturales pueden mejorar el perfil de esta zona e integrarla al mapa de Palermo.

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