Exploradores urbanos porteños: relevan patrimonio y buscan fenómenos paranormales

Pura Ciudad habló con miembros de Anemoia Urbex, un grupo que recorre lugares abandonados, toma fotos y busca reconstruir su historia. “Pedimos permisos y estamos en contra del vandalismo o la profanación”, aseguran.

Como cuando eran chicos, a estos exploradores urbanos los asalta una curiosidad palpitante. Abrir la puerta en una casa abandonada o atravesar un pasillo de cementerio es una experiencia intensa, vivida hasta en el detalle. Ante ellos puede aparecer un santo grial del patrimonio olvidado, la respuesta de un enigma jamás resuelto. Si bien buena parte de las veces encuentran escombros, la aventura bien lo vale.

Daniel Parssons integra y es fundador de Anemoia, un grupo de Urbex o Exploración Urbana.  Cuenta a Pura Ciudad que de niño se metía en casas abandonadas. Era algo que lo apasionaba, pero de adolescente dejó de lado. De grande volvió a adentrarse en ese mundo, ya con nociones sobre esta disciplina, con adeptos en todo el mundo, que consiste en recorrer lugares, en su mayoría abandonados.

“Es la curiosidad de saber qué pasó en el lugar que recorrés. Por qué llegó al estado actual, qué actividad tuvo (política, barrial, civil). Te inspira lo que es la aventura de entrar a un lugar desconocido”, cuenta Daniel y aclara: “Me encargo de la logística previa, con el grupo tiramos un drone para ver cómo está arriba el inmueble. También pedimos los permisos correspondientes, sean lugares públicos o privados. Con todo eso, igual la curiosidad alimenta la visita. También uno quiere ahondar en lo oculto de ese lugar, incluso si hay algo paranormal”.

Daniel Bernie Medina también integra Anemoia. Es, dicen en el grupo, el hombre de acción, quien tiene la experiencia para caminar en lugares abandonados. Cuenta que sus lugares favoritos son los cementerios; el de la Recoleta y la Chacarita, en particular. “El urbex no es profanación”, aclara y sintetiza: “Uno como explorador visita lugares con respeto, sabe que hay una historia allí. Más en cementerios. Dañar los restos de otra persona es lo más inhumano que hay. Pero investigar y divulgar la historia es una forma de ponerlo en valor, incluso hacer notar si están descuidados”.

Juanma “Urbexs” es otro de los miembros y es quien se encarga de conseguir los permisos e investigar la historia de los lugares a visitar.

“Es un fuerte nuestro hablar con los vecinos, ellos tienen lo vivencial y te cuentan cosas que no hay en otro lado, que no están en internet. Los lugares abandonados impactan en el cotidiano de quienes viven alrededor”, enfatiza.

Cuando llega el momento, los exploradores urbanos toman sus bolsos y se dirigen a destino. Drones, handys, cámaras de fotos y video, cascos, borcegos, guantes, barbijos. La preparación, dicen, es clave, para poder documentar. Incluso, llevan consigo un medidor de electromagnetismo por si hay presunta actividad paranormal. “Si estamos caminando y de repente empieza a emitir señal sin que lo acerquemos a un enchufe es porque estamos ante una entidad desconocida”, indica Parssons.

“Si vas a un cementerio de noche, no es para hacer exploración urbana”, coinciden los tres y se desmarcan de satanistas, vendedores de huesos, asaltadores, ladrones de bronce, ocupas. “Nosotros vamos de día, encontramos tumbas anteriores a la fundación del Cementerio del Oeste. Esos son santos griales de los exploradores. El santo grial, en realidad, era el sector 22, donde hoy es la plaza (Parque Elcano). Al lado hay un sector que quedó con nichos antiguos y que también es atractivo, hay mucho para investigar”, dice Medina.

“Encontramos panteones que están abandonados porque la entidad que los cuidaba se fue del país hace mucho. Dentro hay esculturas, vitrales de fines de los años veinte, es un patrimonio incalculable que se deteriora día a día; es una lástima”, dice Parssons.

Cuenta a este medio que visitaron uno de los pabellones abandonados del Hospital Tornú, un hito donde muchos exploradores urbanos han hecho registros. Dicen que allí se atendían casos de tuberculosis. “Nos contaron que la cepa está viva todavía. Fuimos con barbijos, pero igual el olor es penetrante, es único. Hay objetos médicos tirados, no se puede acceder a todos los pisos. El lugar está clausurado. Hay quienes lo quieren reabrir y quienes lo quieren tirar abajo para hacer playas de estacionamiento. Como es un lugar de importancia patrimonial no se ha hecho ninguna intervención”, cuentan en Anemoia.

“Hay gente que usa ese lugar para dormir o nos pasó de ver que había jóvenes que se meten a tomar cerveza o a juntarse. Es un lugar abandonado, pero peligroso”, aseguran. Dieron con el lado paranormal del hospital de casualidad: “El responsable del bufet nos dijo que ahí hay apariciones. Hicimos mediciones y sí, hay electromagnetismo compatible”.

Cuentan que un santo grial de la exploración urbana porteña es la Clínica Neuropsiquiatría Saint Emilien de Saavedra (Crisólogo Larralde 3990, Comuna 12). En 1985 murieron calcinadas 78 personas. El lugar luego alojó al Instituto de la Familia Monseñor Bufano. En 1997 quedó abandonado. “Hay un candado desde adentro y hay cámaras de vigilancia. Nos gustaría recorrer el lugar y dar testimonio de su estado. Vamos a hablar con los vecinos para que nos cuenten cómo fueron todos estos años”, aseguran.

También piensan en recorrer la estación Pasco Sur de la línea A de subtes, la cual fue clausurada a mediados de los años cincuenta. Hay varias versiones al respecto y mitos urbanos que hablan sobe la muerte de obreros o incluso el suicidio de una novia. En internet hay videos del recorrido del subte cuando pasa por la estación. “Tramitar el permiso para ir ahí es complicado, pero nos encantaría”, dicen.

“Tenemos una lista con cientos de lugares para ir en la Ciudad y alrededores. Los tenemos investigados. Nos frena el tema logístico. Necesitamos un auto para poder ir y trasladar todos los materiales de trabajo. Por eso nos interesa reunir a más personas interesadas en el urbex y planificar más recorridas”, concluyen en Anemoia.