Mataderos: un “anticuarentena” murió por coronavirus

Ángel José Spotorno, de 74 años, militaba contra el aislamiento social, preventivo y obligatorio. Era radical macrista y decía que el COVID-19 era un resfrío como cualquiera.

Un vecino de Mataderos, activo militante anticuarentena, falleció días atrás por coronavirus y neumopatía, a los 74 años.

De origen radical, Ángel José Spotorno adhería a Juntos por el Cambio -lo manifestaba en forma permanente en sus redes sociales, había participado  en las marchas de apoyo a la fórmula presidencial Macri-Pichetto en 2019.- y este año fue un enérgico convocante de movilizaciones callejeras contra la cuarentena, como las que se realizaron en el Obelisco.

“De los 90 días que vivió en cuarentena, unos 85 habrá estado en la calle. Él siempre se cuidó mucho, no tenía ninguna enfermedad ni había tomado nada. Era mi único primo hermano. Teníamos muy buena relación”, recuerda Marita Riera, su prima, en diálogo Infobae.

“Tenía un montón de nombres en Facebook y era administrador de grupos de Whatsapp diferentes. Lo bloqueaban a cada rato. Estaba entretenido. Decía que los comunistas no tenían que volver y que no quería ver una bandera roja. Era muy cómico, nos gustaba escucharlo”, comenta Riera.

“Un día él me dice ‘fui a la concentración en el Obelisco’. Hablamos hasta la 1 de la madrugada. Le dije que no entendía por qué hacía esto sabiendo que la mayoría de la gente cumplía la cuarentena y él no. Estaba muy enojada, al punto de decirle que si le llegaba a pasar algo, que deje una notita declarando que no iba a ocupar una cama de terapia intensiva”, describió Riera.

Ángel siguió participando de las movilizaciones. Habrá estado en al menos dos de las iniciativas de los “autoconvocados” de los grupos “Argentina no se rinde” y “La República nunca será roja”, las páginas de Facebook que administraba. Siempre se tomó colectivo para ir a las marchas y no evitaba el distanciamiento social recomendado.

“A la semana me llama y me dice: ‘Me la pesqué’”, recuerda la prima ante el citado medio.

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Spotorno empezó a sentirse mal y a faltarle el aire. El día 10, se fue al Hospital Álvarez y en la guardia le midieron la temperatura, le recomendaron tomar paracetamol y hacerse vapores de de sal. Ya con algo de mucosidad, a los tres días concurrió de nuevo, pero los médicos le diagnosticaron que debía ser una alergia, por lo que le sugirieron que abra las ventanas de su casa. Desde entonces ya no volvió más y, según Riera, se comunicó en varias oportunidades con la línea 107.

De acuerdo a la reconstrucción que pudo hacer la familia, el lunes 15 Ángel conversaba por chat con una compañera de partido hasta que, súbitamente, dejó de contestarle los mensajes. La última conexión quedó marcada a las 22.20. Por casualidad, la misma mujer le había solicitado hacía un tiempo a Ángel el número de sus hijas para tener su contacto ante cualquier eventualidad. Su correligionaria dio el aviso a la familia que algo estaba pasando. Pero la primera teoría fue que podría estar sin luz o con la batería agotada del celular.

Al día siguiente, Spotorno continuaba sin responder. Una de las hijas fue hasta el departamento y tocó el timbre. Nuevamente no hubo respuesta del otro lado del intercomunicador. Le tocó el timbre a otro vecino para que compruebe el domicilio de su padre. La puerta, cerrada desde adentro. Fue entonces cuando llamaron al 911 y con la asistencia policial lograron entrar.  Lo encontraron sin vida, sentado en uno de los sillones al frente del televisor.

En un principio se creyó que su fallecimiento se había producido por un infarto. Al ser una muerte dudosa y en plena cuarentena, el juzgado interviniente colocó una faja en la casa. El departamento requería ser desinfectado y había que resolver algunos temas prácticos. Los gatos de Spotorno, por ejemplo, seguían dentro del domicilio y requerían ser alimentados y recuperados. Cuando logró ingresar a la casa, su prima hermana pudo comprobar, al igual que las hijas, que Ángel había dejado un termómetro sobre una de las mesas: marcaba 38 grados.

Afectada por la verdad, Riera habló con las hijas de Ángel y tomó la decisión de contar lo que pasó en una entrevista realizada por la periodista Andrea Pérez por el programa “El Reloj”, de radio Del Plata. “A mí me partió el alma, estuve muy mal. Yo le decía: ‘Si tenés ganas de vivir, cobrás pensión y jubilación y no estás mal, ¿por qué vas a salir a buscar el virus?‘ Sus hijas también le pedían que no salga”.

Según Riera, Spotorno terminó de perder la paciencia cuando el Gobierno de la Ciudad intentó restringir las salidas a los adultos mayores. “Él estaba con el celular todo el día y administraba varios grupos. A veces pienso por qué sus mismos correligionarios no lo cuidaron y le dijeron ‘quedate vos en casa que salimos nosotros’. Todos en esos grupos de Facebook se mostraron dolidos cuando supieron de su muerte y dieron el pésame, pero sigo leyendo que están armando nuevas convocatorias. Es como si no hubieran entendido. Falta conciencia”.

Acerca del coronavirus, Riera cuenta que Ángel opinaba que “era un resfrío como cualquiera. Era anti”.

“Él me decía ‘Me voy caminando a todas partes, no me va a agarrar nada’. Ni sé si usaba barbijo. Y saludaba a todos, hasta al policía de la esquina. Él estaba tranquilo: decía que nadie lo iba a frenar”, recuerda su prima.