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No está la placa que recordaba a Eduardo Cicchino, el joven asesinado por celebrar una victoria de Boca

Había sido colocada por la Legislatura porteña en Chile y Defensa, en el barrio porteño de San Telmo (Comuna 1). donde en mayo de 2016 se produjo la tragedia.

La placa que recordaba a Eduardo Cicchino, el hincha apuñalado en la puerta de un bar del barrio porteño San Telmo por celebrar un gol de Boca, ya no está donde fue colocada para recordar al joven de 26 años, quien fue atacada con un arma blanca por una persona que lo increpó por celebrar la victoria de Boca Juniors por sobre Nacional de Uruguay por los cuartos de final de la Copa Libertadores 2016.

La placa fue aprobada por la Legislatura porteña y se descubrió en un acto donde se presentaron bandas musicales, que le rindieron un reconocimiento junto a sus amigos y familiares. Al evento asistieron la legisladora impulsora del proyecto, Natalia Fidel, y la diputada porteña Mercedes De Las Casas, unidas en un mensaje que convoca a la reflexión sobre la paz en el deporte y la vuelta de las familias a las canchas, terminando así con un mal que involucra a todos los argentinos. También participó Guillermo Madero, director nacional de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos. La placa estaba sobre un pequeño pedestal que fue eliminado totalmente de la vereda.

El hecho ocurrió el 19 de mayo de 2016 por la noche en el bar Seddon, en San Telmo, donde Cicchino fue junto a un grupo de amigos, al salir de la Universidad Católica Argentina (UCA), donde estudiaba ingeniería industrial, a ver el partido por los cuartos de final de la Copa Libertadores en el que Boca eliminó por penales a Nacional de Montevideo.

El conflicto se inició cuando Cicchino y sus amigos festejaron el desenlace a favor de Boca, y Olivera, quien estaba sentado en otra mesa en el fondo del bar, se molestó y comenzó a insultarlos, aunque el incidente no pasó de un intercambio de palabras.

Una vez finalizado el partido, Cicchino y sus dos amigos salieron a la calle y allí el hombre siguió con las provocaciones insultando y empujando a los jóvenes, quienes le pidieron que dejara de insultarlos pero, en ese momento, el agresor sacó una daga de entre sus ropas y le aplicó una puñalada en el tórax a la altura del corazón a Cicchino, quien cayó herido en la vereda.

El joven murió el 2 de junio, tras dos semanas de estar internado en terapia intensiva en estado crítico, tiempo durante el cual fue sometido a tres cirugías en el ventrículo izquierdo, donde recibió la puñalada el día de la agresión.

En mayo de este año, el único detenido por el hecho, Gustavo Olivera (53), fue condenado a 16 años de prisión.

La condena fue dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 28, integrado por los jueces Javier Anzoátegui, Luis María Rizzi y Carlos Rengel Mirat, quienes definieron el hecho como un “homicidio simple” en una audiencia celebrada en la sede judicial de Paraguay 1536.

Por mayoría, los magistrados decidieron no tomar en cuenta la solicitud del fiscal de la causa, Fabián Céliz, como la del abogado de la familia de la víctima, Ignacio Costa, quienes durante los alegatos pidieron que se le aplicara la prisión perpetua a Gustavo Olivera por el “homicidio calificado por alevosía” de Cicchino.

En esa misma instancia, el abogado defensor de Olivera había pedido que se lo condenara por “homicidio preterintencional”, figura que considera que el acusado actuó para generar un daño físico, pero no con la intención de provocar la muerte, la cual conlleva una pena de tres a seis años de reclusión.

Olivera fue invitado por el tribunal en esa última audiencia a hacer uso de su derecho de pronunciar sus últimas palabras, a lo que respondió: “Sólo pido perdón”. Enseguida, los jueces dispusieron un cuarto intermedio para leer la parte resolutiva del fallo.

En ese impás, Marcelo Cicchino, padre de Eduardo, dijo que esperaba que el fallo fuera “ejemplar”, para “reflexionar en sociedad sobre estos casos de violencia por la violencia misma”.

Sin embargo, cerca de una hora y media después, la audiencia se reanudó y los magistrados informaron la decisión, ante la cual la madre de la víctima, Marcela, rompió en un llanto desconsolado.

Notablemente alterada y desconsolada por la pena impuesta, la mujer buscó abalanzarse sobre el acusado, pero fue contenida por familiares y policías que la llevaron hacia afuera de la sala, mientras gritaba “asesino, hijo de puta, me mataste a mi hijo, lo mataste porque se te ocurrió”, ante la mirada impasible de Olivera.

Al finalizar la audiencia, el padre de la víctima expresó a la prensa: “Voy a pelear por la alevosía, estoy convencido de que está comprobada, si tenía alguna duda de eso, los testimonios y los alegatos me la sacaron”.

“Mi hijo no tuvo oportunidad de defenderse y eso el fiscal lo representó como una ‘cuchillada por la espalda'”, se lamentó, y agregó: “Lo único que hubiese esperado del condenado es una reflexión, más allá de pedir perdón, eso me generó más dolor todavía”.

“Esto fue un homicidio alevoso, por la forma en que se produjo el hecho, y lo vamos a sostener ante la Cámara de Casación”, finalizó.

Con información de Clarín.com

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