Recorrer la Ciudad en limusina: “Arriba de la bestia pasa de todo”

Pura Ciudad habló con “Johnny Limosinas”, vecino de Villa Urquiza que renta estos autos para casamientos, eventos y cumpleaños.

Sábado a la noche en avenida de Mayo y 9 de Julio. El semáforo está en rojo. La gente va y viene, desperdigada por las esquinas. Llenan de vida el centro porteño. De pronto, el semáforo abre en verde y todas las miradas apuntan a un mismo lado, en un instante de silencio común. Entre los autos y taxis se abren paso dos limusinas. Nadie las vio venir. Parecen salidas de una película extranjera, de un casino en Las Vegas. Cada una tiene 12 metros de reluciente blanco. Los más chismosos intentan ver por los vidrios polarizados, pero apenas asoman las siluetas de unas cuántas jóvenes que bailan al ritmo de una música pegadiza. Pasa un instante y los rodados quedan fuera de alcance. Se les pierde el rastro y el bullicio céntrico vuelve a arrancar, como si nada hubiera pasado.

Tiempo después Johnny “El Colombiano” contará que esa noche él conducía una de las limusinas, la Chrysler 300 C, una joya única en la Ciudad y el país. “La mejor de Latinoamérica, la bestia”, dirá con humildad. Es uno de los cinco rodados que integran su flota, entre ellos una Lincoln Presidente y una Ford Fairlane. En algunas semanas sumará otra Chrysler.

Futbolistas, rockeros, divas de televisión, solteros en falta, incluso monjas, oficinistas. Johnny dice que a todos los que tuvo que llevar les une la mezcla de curiosidad y excitación que genera viajar en un vehículo tan idolatrado y denostado en la cultura popular contemporánea. Aquel sábado, las viajeras de ocasión en ese VIP bolichero rodante eran unas modelos extranjeras que estaban de pasada por la Ciudad. Terminaron el recorrido en una disco. “Parte del servicio que ofrezco, aparte de dar paseos, es ir a locales bailables”, cuenta a este medio.

Todo empezó hace 15 años, cuando él trabajaba como productor musical. “Trabajaba con Edgar de Volcán. Él tenía una limusina que a veces me la prestaba, yo le daba mi auto. Un día se me ocurrió comprársela, pero él no quiso. Entonces, busqué otra y cuando me alejé del mundo de la música empecé con este trabajo. Antes no le había prestado atención a las limusinas. Ahora tengo varios choferes, pero la bestia la manejo yo”, cuenta.

Johnny, oriundo de Medellín y ahora vecino de Villa Urquiza, cuenta que ha sido chofer de, entre otros, Diego Maradona, Susana Giménez, Charly García. Dice que no hay mucha diferencia entre un iniciado o una celebridad: el magnetismo de esos viajes los embruja de la misma manera. “La gente termina por pensar que la limusina es de ellos cuando es un servicio, es para ocasiones especiales”.

Vivir una noche única sobre estas cuatro ruedas empieza con hacer una “vaquita” entre amigos o familiares. Estos rodados hollywoodenses están ligados en el imaginario popular a ricos y famosos, personalidades de primer nivel. Algo fuera del alcance del resto. Sin embargo, la cartera de clientes de Johnny no está integrada solo por VIP.

Cuenta que las limusinas se rentan para cumpleaños de 15, despedidas de solteros, casamientos, incluso algunos bautismos. El tiempo mínimo de alquiler es hora y media. La limusina más económica es la Ford Fairlane, que tiene un piso de $3.200. Entran seis personas. También se puede rentar toda la noche para casamientos o fiestas de 15 por $5.500.

La “bestia”, la más cara, arranca en $4.300 por hora y media y toda la noche queda en $8.500. Ahí hay lugar para ocho personas. Todas tienen pantalla de DVD, música, calefacción, techo corredizo eléctrico. Incluso Johnny aclara que están “totalmente blindadas”.

Al comparar precios con otros servicios de transporte para ocasiones especiales, puede que no haya tanta diferencia. Sin embargo, Johnny concluye que las limusinas tienen un no sé qué: “Uno es discreto, pero lo cierto es que pasan un montón de cosas acá adentro. Hay algo que le gusta a la gente que hace que marque una diferencia en sus fiestas”.