Salvador Rueda: “Nuestro futuro depende de cómo organicemos las ciudades”

El Director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona disertó en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre la reforma al Código Urbanístico local.

El Director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona disertó en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre la reforma al Código Urbanístico local.

La Ciudad de Buenos Aires busca modificar el Código Urbanístico vigente. Hay un borrador hecho por el Consejo de Plan Urbano Ambiental de la Ciudad que la Legislatura porteña deberá aprobar. Mientras tanto, hubo debates en las Comunas y también disertaciones de expertos. Salvador Rueda, Director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, fue invitado para hablar en la Jefatura de Gobierno porteña de Parque Patricios (Uspallata 3100, Comuna 4).

Ante más de 300 vecinos, académicos y especialistas, Rueda habló de las “supermanzanas, base del modelo funcional, urbanístico y social de una ciudad”. Para el funcionario barcelonés son una de las soluciones para maximizar el uso del espacio público. Se trata de áreas urbanas de entre 16 y 20 hectáreas conformadas por varias manzanas en las que se pone el foco en el peatón.

Rueda explicó que son áreas en las que las avenidas exteriores concentran los ómnibus, automóviles y bicicletas, mientras que las interiores se libera el espacio al priorizar al peatón y la bicicleta y se reduce la velocidad del tránsito a un máximo de 10 km/h: “La supermanzana es el mínimo ecosistema urbano donde se maximizan los objetivos de una ciudad más sostenible. Al extenderse en red por toda la ciudad, minimiza el tiempo medio de viaje. Integran de la manera más eficiente el conjunto de redes de transporte y la red verde, garantizando la funcionalidad del sistema”.

“La Ciudad es el ecosistema más complejo creado por la especie humana. Hay que incorporar a la toma de decisiones y planificación modelos transdisciplinarios que nos permitan navegar y encontrar soluciones para esa complejidad”, expresó el expositor.

En ese marco, remarcó la importancia del espacio público como elemento central en las ciudades: “El espacio público es lo que nos hace ciudadanos, lo que nos hace convivir”. Puntualizó la necesidad de incorporar los principios y objetivos del urbanismo ecosistémico, entre ellos: reducir el consumo del suelo incrementando la proximidad de las personas; garantizar el acceso a la ciudad a través del transporte público; impulsar la habitabilidad del espacio público; e incrementar la superficie verde y la biodiversidad urbana.

Para varias entidades barriales, patrimonialistas y ambientalistas este borrador está “hecho a medida del mercado inmobiliario”. “El GCBA centró la participación en reuniones con desarrolladores inmobiliarios y sus técnicos. Es decir, únicamente prestó atención a los que lucran con las ciudad, a los que tienen intereses puramente económicos”, expresó el Observatorio del Derecho a la Ciudad, entidad que impulsó un amparo que obligó a la Ciudad a hacer disertaciones públicas en la Jefatura porteña.

Esta entidad refiere que el nuevo Código “no solo modificará el valor del suelo, sino que también afectará directa e indirectamente la trama social y el ambiente urbano de la ciudad”. “Este proyecto no tiene normas ni herramientas urbanísticas que consideren los principales problemas de la ciudad:  el aumento de familias inquilinas, la pérdida de espacios verdes, los procesos de gentrificación de los barrios, el colapso de los servicios públicos, la sobreconstrucción y la pérdida de las identidades barriales, la falta de democracia en la discusión de la planificación, la mercantilización y privatización de lo público, la disminución grave del banco de tierras públicas, el deterioro ambiental, la destrucción del arbolado público, la especulación inmobiliaria, la crisis habitacional, la distribución desigualitaria de la riqueza producida por la ciudad, etc.”, añadió la entidad.

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