Según datos oficiales, en la Ciudad las mujeres ganan en promedio 23,3% menos que los varones

La probabilidad de ejercer una actividad sin registro es más alta para las mujeres, lo que se suma a que padecen más frecuentemente el desempleo.

La Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires realizó un estudio y concluyó que las mujeres ganan, en promedio, 23,3% menos que los varones en su ocupación principal. Es el resultado del trabajo “Población ocupada y población asalariada de la Ciudad de Buenos Aires desde una mirada de la desigualdad de género en el mercado de trabajo”.

La disparidad de remuneraciones entre sexos asciende para el año 2017, a poco más del 23% para el conjunto de los ocupados y al 19% para los asalariados. Dicho de otra manera, el ingreso promedio femenino representa un 77% del masculino en la población ocupada y un 81% en el subgrupo de los asalariados. Aun cuando la remuneración se normaliza por horas, las mujeres continúan enfrentándose a una fuerte desigualdad: las ocupadas registran una brecha de ingresos de -8,7% con respecto a sus pares varones y las asalariadas de -6%.

La brecha por calificación ocupacional es máxima en los no calificados (-30,6%), fundamentalmente por el peso que tiene el servicio doméstico en este conjunto y la casi total feminización de la actividad. El mínimo se encuentra en la calificación operativa (-10,9%). Cabe destacar hay mayor cantidad de mujeres que de varones en la calificación técnica, donde la brecha de ingresos es cercana al promedio. La condición de asalariados (76,5% de los ocupados) reduce la distancia en los ingresos por la existencia de regulación salarial. Por otra parte, solo un tercio de los patrones (4,5% de los ocupados) son mujeres, lo que evidencia la asimetría en el acceso al capital. 

La probabilidad de ejercer una actividad sin registro es más alta para las mujeres, lo que se suma a que padecen más frecuentemente el desempleo. Incluso dentro de las mismas mujeres hay diferencias sustanciales, por ejemplo, entre las registradas (sea en relación de dependencia o como independientes) y las que no lo están: las primeras ganan un 20,1% menos que los varones pero el guarismo se extiende a -30,3% en las que no están registradas, conjunto en el que las mujeres están sobre representadas y son más de la mitad.

Mientras que en el sector privado las mujeres están sub representadas, ocurre lo contrario en el sector público. Posiblemente por los altos niveles de sindicalización y de organización del sector, la brecha de ingresos se reduce en el sector público a -11,1%, en tanto que es de -23,3% en el privado, donde el ingreso declarado es aproximadamente un tercio menor. Dicho de otro modo, en el sector privado, la distancia con los ingresos de los varones es más amplia que en el sector público, sobre una base de ingresos más bajos.

En lo que respecta al tamaño del establecimiento, la brecha de ingresos disminuye a medida que éste crece (con un mínimo de -16,8% en los más grandes, de 40 ocupados y más), lo que se da en paralelo a la mayor participación femenina. En la clasificación del carácter general de los ocupados, las mujeres están sobre representadas en “Servicios sociales básicos” (62%), en particular dentro de “Salud y sanidad” y en “Educación” (73,9%). Aun siendo amplia mayoría, las trabajadoras de la “Salud”, reciben ingresos laborales aproximadamente 28% menores que sus pares varones y las de “Educación” casi 18% por debajo.

La segunda ocupación ejercida en su mayoría por mujeres es la de “Gestión administrativa, de planificación, control de gestión y jurídico legal”, donde 57 de cada 100 ocupados son mujeres. La mayor concentración de ocupados se encuentra en “Gestión administrativa, de planificación y control de gestión (81,4%)”, con una brecha de ingresos registrada cercana a 16%. El 17% de los puestos de trabajo se encuentra en las ocupaciones de “Comercialización, transporte, almacenaje y telecomunicaciones”, altamente masculinizadas. A su vez, el 64% de estas ocupaciones están concentradas en las de “comercialización directa”, donde la brecha de ingresos es superior al promedio (26,6%), situación que podría relacionarse con la alta tasa de precarización en el conjunto de asalariados. En términos de segregación vertical, solo un tercio de las ocupaciones de dirección o de jefatura corresponden a mujeres. En las primeras, la brecha es de las más amplias: de -37,2%.

Las desigualdades reflejan, en principio, relaciones sociales que atribuyen roles a la mujer centrados en pautas culturales y lógicas económicas, que distribuyen inequitativamente las responsabilidades domésticas de los sexos. La institucionalidad del mercado de trabajo se encuentra diseñada según el modelo de varón como sostén económico del hogar, y de la mujer como la generadora de ingresos adicionales o complementarios (Giosa y Rodríguez, 2010), analiza el estudio.