Vegan Paluja, donde la gastronomía gourmet y el activismo se dan la mano

Pura Ciudad visitó la feria de emprendedores veganos que ofrecen alimentos con propuestas de autor y a la vez generan conciencia sobre la crueldad contra los animales.

Pura Ciudad visitó la feria de emprendedores veganos que ofrecen alimentos con propuestas de autor y a la vez generan conciencia sobre la crueldad contra los animales.
Por Juan M. Castro

Hamburguesas de pan rojo, negro y verde. Zanahorias orgánicas blancas; “color original” como dice el hombre que las cosechó con propias sus manos. También hay chocolates de cacao puro, “que no se te pega en los dientes como los industriales”. Hay quesos y carnes que no han salido de ningún animal. Sobre una mesa, entre folletos y libros, uno puede tomar un visor de realidad aumentada y experimentar en 360 grados el camino de pollos y chanchos al matadero. Estas son algunas de las pinceladas que conforman Vegan Paluja, la feria donde el activismo vegano se estrecha la mano con la gastronomía gourmet. Es un encuentro nómade que se celebra en forma periódica en centros culturales de la Ciudad de Buenos Aires.

Pura Ciudad recorrió esta feria, que este lunes celebró su décima edición en el Club Premier del barrio porteño de Caballito (Campichuelo 472, Comuna 6). Allí hablamos con Luján, una de las creadoras de esta iniciativa: “Empecé con un emprendimiento de comida vegana. Los eventos que había en el mundillo de Capital Federal no me dejaban ingresar porque estaban llenos. Bueno, dije, voy a hacer mi propio evento. No quería hacer solo una feria. Pensé en un festival con bandas, con talleres de cocina, dibujo en vivo, charlas para la gente. Que los grupos activistas puedan hablar al público. Abrir muchos paréntesis. Hay mucha gente que quiere saber sobre veganismo. Mucha gente que está por dar el paso. Entonces nos pareció importante apostar a más”.

Esta idea se hizo efectiva con Vegan Paluja que, como su nombre remite al célebre festival de música, busca ser lo más amplio posible. Varias ediciones se hicieron en el Espacio Cultural Julián Centeya (San Juan y Loria, San Cristóbal, Comuna 3) y el Espacio Cultural Carlos Gardel (Olleros 3640, Chacarita, Comuna 15), ambos integrantes del Circuito de Espacios Culturales del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. “La Agenda cultural porteña ayuda a difundir y también a introducir a muchos por primera vez el concepto de veganismo”, afirma Luján.

Mientras suena The Smiths de fondo (su cantante Morrissey es vegano y difusor de la célebre frase “Carne es muerte”), la gente llena los salones del Premier. Van y vienen y las charlas son largas y tendidas con los feriantes. Hay parejas, familias, personas solas. El cruce generacional es notorio y hasta se escuchan tonadas francesas, tailandesas y portuguesas.

Luján agrega sobre este proyecto: “Tenemos el mini super vegano. Es un supermercado con caja, donde la gente elige por producto. Participan cerca de 30 emprendimientos. Lo hacemos el 20 de noviembre. Funciona el patio de comida y el mini shopping de cosméticos, indumentaria, productos para el hogar”.

Desde Vegan Paluja celebran la cantidad de feriantes que dicen presente en cada edición: “En esta feria no hay solo productos alimenticios. Hay productos que son libres de maltrato animal. Es trabajo genuino que para los feriantes y emprendedores representa su ingreso mensual. Es importante que ellos se fortalezcan. Si el emprendimiento no tiene eventos, no se da a conocer, no vende, se frustra y desaparece. Queremos también que la gente se concientice. Qué vea qué hay detrás del plato de comida”.

En esta parte es donde entra en juego la charla de los feriantes con el público. Los integrantes del colectivo artístico Voicot lo tienen en claro y aprovechan a dar la mayor difusión a su causa contra el maltrato animal. Al proyecto lo inició una pareja de publicistas en Córdoba. La difusión visual la han llevado a indumentaria, libros, calcos, afiches callejeros. Ahora son cuatro miembros. Carolina, quien son su pareja hacen la suerte de pata porteña del proyecto, nos explica: “Nos importa que el mensaje llegue y la gente piense, más allá de que identifiquen a Voicot”.

Entre las publicaciones cuentan con un fanzine hecho con fotos de un matadero en Mar del Plata al cual intervinieron con consignas y leyendas. Sin embargo, el plato fuerte de este colectivo artístico es un visor de realidad aumentada. El público puede ver en 360 grados el camino de pollos, chanchos y la industria láctea: “Sentís que estás ahí, en ese proceso desde que nace el animal hasta que los matan. Quedan muy impresionados quienes comen carne, lo ven con sus propios ojos y su perspectiva cambia”.

Dentro del ala gourmet, dimos con Maira y Andrés de Panacea Gastronomía Vegana. “Hacemos una propuesta amplia de comida vegana con ingredientes no tan tradicionales. Iniciamos en Córdoba y ahora residimos en La Plata. Venimos a Capital Federal a traer pedidos que acordamos por mail o redes sociales”, cuenta ella.

A la hora de mostrar sus productos, enumera quesos derretibles veganos, que sirven para pizzas, picadas o sándwiches. Su especialidad son los helados cremosos: “Tenemos sabores de Bon-o-Bon, café a la crema, menta granizada, chocolate con maracuyá, frutilla y otros frutales. Son nuestro fuerte”. También ofrecen hamburguesas con panes de colores: rojo de remolacha, negro de carbón. También las hay con medallones de hongo de pino empanado y frito, con conserva de tomate seco y mayonesa a los pepinillos. “Tiene un gusto similar a las hamburguesas de carne, es para quienes están en la transición”, cuenta Maira sobre el costado activista de la iniciativa. Afirma que para muchos es más difícil dejar los quesos que las carnes, por eso su propuesta se vuelve valiosa para acompañarlos.

Sonia de “Corazón que late, quiero chocolate” nos cuenta: “Empezamos con chocolates veganos, sin leche, cacao puro. Luego hicimos orgánicos para diabéticos, por recomendación del público. También combinamos semillas y usamos leche de sésamo y castañas. Procuramos innovar, que sea rico y sea saludable. Hay que ver las etiquetas de los productos industriales, hay que tomarse ese hábito. Por ejemplo, cuando el chocolate se pega entre las muelas es por la grasa industrial”.

Hernán, creador de Carnicería Vegana, mientras hace una pausa luego de atender colas y colas de gente, dice a Pura Ciudad que lo suyo también apunta a generar conciencia: “Quiero mostrar que la comida vegana es rica”. Cuenta que luego de trabajar diez años cargando cajones de cervezas aprovechó sus estudios de pastelería y chef y abrió su propio emprendimiento: “Esto que hago es una doble satisfacción. Es mi ingreso y a la vez mi activismo”.

Mientras charla con este medio cuenta al público sus propuestas: medallones de soja con harina de garbanzo y vegetales, todo procesado. También hay seitán con queso vegetal en pan de morrón.

Entre el público hay gente de primera vez, quienes hacen cola y cabecean para ver como Hernán calienta los medallones, y también viejos habitúes: luego de saludarlo, él les entrega bolsas llenas de seitán o soja, son pedidos al por mayor acordados de antemano. Le preguntan por talleres y charlas para fin de año, alguna menudencia de la vida cotidiana y luego viene otro abrazo para cerrar el encuentro.

Este tipo de ferias además de dar difusión tanto a la gastronomía de autor como al activismo, sirven para poner en claro que cada vez hay más personas interesadas en la sustentabilidad, el ambiente y la alimentación. Luciano Córdoba, miembro de Biblioteca Permacultura y vendedor de alimentos orgánicos cosechados en una quinta de La Plata, lo resume así: “Hace muchos años que estamos en esto. Era más común la sensación de no llegar a nadie, de sentir que estábamos solos cuando hablábamos de ambiente, sustentabilidad. De hablar a la familia y que no te entiendan. Hoy está más difundido. Antes venían tres gatos locos. Hoy hay productores, gente que hace y un montón de público que viene a pasarla bien. Parte de la movida saludable es venir y pasarla bien”.

Junto a él está Diego De Mauricio, quien cuenta que “fue un gran desafió la permacultura urbana”: “Hubo que inventarla, había experiencias en España, Alemania. En Buenos Aires éramos pocos, pioneros. Había que ir encuadrando, enseñar cómo tener una compostera, un deshidratador, cualquier cosa en la casa. Por mínimo que fuera, se podía aportar a la sustentabilidad y al medio ambiente”.

Luciano agrega: “Es un clic. Es un cambio de percepción. Es pensar qué plantas tenés. Podés tener una que te da belleza, también una que te da belleza y comida. Ocupan el mismo espacio. Es empezar a pensar en esas pequeñas cosas. Uno puede dar sustentabilidad en una ventana con un pequeño jardín de aromáticas. Es un sistema de diseño, implica observación, implementación. La permacultura es un lugar hacia donde uno llega. La idea es ruralizar la ciudad. Darle más verde en espacios donde parece que no se puede hacer nada. La alimentación saludable te lleva a ver cómo se hace la comida, ver cómo podés hacer desde tu lugar para que tu comunidad sea más sustentable y haya beneficios en el largo plazo”.