Viajar en un colectivo descapotable por la ciudad

El sistema de buses amarillos atrae a visitantes de todo el mundo; La Boca, destino preferido
turismo_buses_amarillos_pura_ciudad
Conocer la ciudad de Buenos Aires en poco tiempo es difícil, por las distancias a recorrer y por la cantidad de puntos que vale la pena no perderse. Historia, cultura y arte forman parte de la oferta de la ciudad que nunca duerme. Recorrerla en bus es una alternativa para los que quieren ver mucho en poco tiempo.

El punto de partida está en Av. Roque Sáenz Peña 728. Allí, en el tronco de un árbol, un cartel escrito a mano con lapicera y pegado con cinta señala que es la parada del Bus Turístico. “Forme fila”, indica. Los pasajeros, obedientes, hacen una larga columna. Hay entre ellos gente de todas las edades y nacionalidades. Apenas se abre la puerta, todos comienzan a acomodarse en los dos pisos que tiene el ómnibus amarillo. Los que sufren calor abajo, con aire acondicionado; el resto arriba, sin techo.

El bus comienza el recorrido puntualmente. Los turistas se ponen los auriculares, que tienen las explicaciones en diez idiomas y música de tango de fondo como para ir aclimatándose. Algunos no tendrán suerte, porque varios de los tableros en donde se conectan estos implementos están rotos.

Apenas el bus avanza unos metros el Cabildo, la Plaza de Mayo y la Casa Rosada atraen los flashes. En la Avenida de Mayo está la primera de veinticinco paradas, en las que los paseantes pueden bajar, conocer y luego esperar al siguiente bus para continuar el recorrido. También se puede hacer el paseo sin bajarse en ninguno de los puntos; el viaje dura tres horas y quince minutos. Hay una opción más corta, de una hora; es el “Recorrido azul”, que circula por Palermo, Belgrano y Núñez. Ambos circuitos tienen paradas de conexión, así que el pasajero puede optar por hacer los dos.
turismo_buses_amarillos_pura_ciudad
Cuando vamos a una ciudad que no conocemos, nos montamos en uno de estos buses y la recorremos. Así podemos saber qué lugar nos puede gustar más, elegimos nuestras paradas favoritas y luego nos dedicamos a ir a esos puntos específicos”, sintetizó Luis Gutiérrez, un español que vino a la Argentina con Daniella, su esposa americana; ambos contaron que tenían tantas ganas de recorrer la ciudad que esperaron tres días para poder subir al ómnibus, porque los tickets estaban agotados.
A medida que avanzaba el tour, un grupo de niños se asombraba con el Riachuelo y las estructuras de hierro de los puentes de La Boca. Eran parte de un grupo de once que venían de Río Negro. “Es nuestra primera vez en Buenos Aires, y queremos tener un pantallazo de sus atracciones”, explicó Marcelo Debasa, uno de ellos.

Adriana Calvo, una brasileña que venía con su esposo y otra pareja, esperaba la parada en Caminito. “Ayer estuvimos en Puerto Madero, hoy vamos a conocer La Boca.”

Efectivamente, el barrio de los conventillos multicolores que se enorgullece de tener la Bombonera es uno de los que más atraen. “Soy bien bostero, así que la Bombonera es lo mejor para mí”, contó Daniel Kuen, un expresivo austríaco que vive en Buenos Aires desde hace tres años. En seguida se bajó del bus para recorrer la callecita de los tangos.

El Tortoni, El café de los angelitos, la cúpula del Congreso Nacional, el convento de Santo Domingo con su torre cubierta por las balas de los cañones de 1807, la Iglesia del Pilar, en Recoleta, son los que más atractivos resultan a los visitantes.

Camino a Recoleta, Matthew Cory, el americano que estaba sentado en la parte trasera del bus, señalaba a su compañera algunos puntos. “Nos encantan la Av. Figueroa Alcorta, Libertador”, explicó en un muy buen español. Aunque hace seis meses que viven en la ciudad, ésta era la primera vez que se subían al bus. A él y su pareja también les gusta Caminito “porque tiene la esencia de la historia de la ciudad”.

De a poco iban asomando los parques de Palermo y Recoleta. La gente saludaba desde abajo a los pasajeros, que miraban asombrados. De pronto, en el cruce de Sarmiento y Av. Figueroa Alcorta, justo en donde está el monumento a San Martín, un par de jóvenes que hacía malabares y mimo en el semáforo se convirtieron en improvisado atractivo.

El bus continúa su viaje; llega hasta las Barrancas de Belgrano, pasa por el Barrio chino y se adentra en Las Cañitas. El guía cuenta que este último barrio se caracteriza por la oferta gastronómica; allí mismo se bajan varios pasajeros y suben otros.

El recambio es constante. Aunque parezca increíble, por momentos el ómnibus lleva tanta gente que muchos van parados y deben amontonarse, como si se tratara de un colectivo de transporte público más. Los que van parados deben agacharse para esquivar las ramas de los árboles que están bajas.

El regreso es por la Av. 9 de Julio; en el camino está el Teatro Colón. En esa parada se bajaron Álvaro Aguirre y su familia; son colombianos y los cautivó la comida porteña. Contaron, casi como una travesura, que iban hasta esa parada porque había allí cerca un restaurante que les habían recomendado.

Con pocos pasajeros, el bus vuelve al punto de partida. Los que quedan arriba terminan su aventura; mientras, abajo, hay otra fila esperando para comenzar la suya.

EL TURISMO EN CIFRAS

En noviembre de 2012 disminuyó el turismo receptivo en la Argentina. Ese mes ingresaron por Ezeiza y Aeroparque 221.534 pasajeros internacionales, 5,8% menos que en el mismo mes de 2011. A Retiro arribaron 19.882 servicios, 10,5% menos que en 2011, según la Dirección Nacional de Migraciones en el último informe publicado por el Ente de Turismo de la Ciudad en su página web.

El Bus Turístico comenzó a funcionar en mayo de 2009, con seis ómnibus. Ese mes llevó a 11.379 pasajeros, la mayoría argentinos. En total ese año transportó a 112.070 viajeros. Actualmente tiene 14 unidades. En 2012 lo utilizaron 328.856 personas. La mayoría son brasileros; le siguen argentinos, colombianos, norteamericanos, uruguayos y mexicanos.

Fuente: La Nacion