Virginio Colombo: un pedazo de Ciudad Gótica en pleno barrio de Once

El arquitecto italiano vivió en Buenos Aires en los años veinte. Legó muros y cornisas llenas de ángeles, musas y leones en las paredes de Balvanera que evocan el hábitat natural de Batman, el Caballero Oscuro.

Cuando se habla de Once lo primero que viene a la memoria es su vida comercial: desde los manteros, tan en boga por estas horas, hasta las colectividades con sus restaurantes y negocios temáticos. Eso ocurre en plena vereda, sobre la planta baja de Balvanera. Ahora, si uno levanta un poco la vista aparece otro costado del barrio que el 1 de abril cumplió 183 años: su legado arquitectónico, los balcones labrados, las cornisas ornamentadas y las talladuras elegantes de otras épocas.

En palabras de la escritora y vecina María Pía López, en Once están “los edificios de los grandes arquitectos del art noveau” de principios del siglo XX: “Se aprecia una fuerza plástica única en la Ciudad”.

Uno de sus edificios favoritos es Casa Grimoldi, en Corrientes 2548. Es uno de los tantos trabajos del arquitecto Virginio Colombo (Milán 1885, Buenos Aires 1927), el hombre que legó obras de arte en los cielos de Balvanera.

Sus edificios bien pueden ser parte del patrimonio de Ciudad Gótica. Apreciar su obra es mechar con las cornisas oscuras y labradas de la famosa capital ficticia, donde más de una vez, en el cine o las historietas, Batman, el Caballero Oscuro —en boca de muchos por estos días al haberse estrenado la película donde hace dupla con Súperman—, se columpia en la urgencia de combatir el crimen. En la mitología del Hombre Murciélago, ciudad y héroe están relacionados hasta la médula: uno no se explica sin la otra.
Así como el héroe de las historietas, Colombo, el hombre soñador de nuevos desafíos, el arquitecto, llegó al Río de la Plata en la Argentina pre-Centenario, una tierra próspera para sus compatriotas italianos. Allí la influencia de nuevos tiempos y las ganas de exponer en edificios el nivel de prosperidad de la comunidad italiana permitieron a Colombo crecer en su profesión.

En los primeros tiempos, trabajó en la decoración de los Tribunales de la calle Talcahuano. También a temprana edad hizo el Pabellón Café Paulista, en el marco de los festejos por el Centenario patrio. Así comenzó una prolífica carrera que incluyó casas de rentas, viviendas y oficinas. Según entendidos en la arquitectura, trabajó entre eclecticismo moderno y el art noveau, pero alcanzó un lenguaje propio a través de texturas y figuras como animales y alegorías humanas.

En otras palabras, las obras de Colombo bien podrían ser un pleno escenario para el paso de un Batman aporteñado.
Leones, pavos reales y el mito de Orfeo a metros de plaza Miserere

Uno de sus grandes hitos, que congrega a arquitectos alrededor del globo y asociaciones vecinales de patrimonio, es la Casa de los Pavos Reales, ubicada en 24 de Noviembre y Rivadavia. A simple vista las texturas de los muros, ladrillos y piedras rugosas, contrastan con los balcones llenos de detalles, animales y ornamentos.

El edificio fue inaugurado en 1912, cuando Virginio tenía 27 años. Para la época, era la construcción más alta de la zona, a metros de Plaza Miserere. El nombre es porque el frente del edificio de esquina tenía ocho pavos reales esculpidos en piedra, con casi dos metros de largo, enfrentados de a pares sobre las talladuras del balcón, bajo las ventanales de la primera planta. Hoy en día hay sólo cuatro.

También el edifico tiene en su frente ojivas góticas y en su interior hay mosaicos de color. Hay que sumar un mural con escenas de la campiña italiana, según narra el sitio Arcón de BA. Otro dato de color es que en el hall hay dos murales con escenas del mito de Orfeo y Salome.
En los ventanales que dan a la calle también hay alegorías de pavos reales. Se le suman capiteles y las figuras de leones erguidos sobre columnas de material. Los reyes de la selva aparecen en otras obras del arquitecto. En la actualidad, sobre la planta baja funciona un gimnasio.

Los ángeles y musas descansan en el pallier

El segundo gran hito de Colombo en Once es la Casa Calise, ubicada en Yrigoyen 2570. Son 36 departamentos repartidos entre cuerpos más dos locales, todo en casi dos mil metros cuadrados.

El escultor Ercole Passina fue el encargado de labrar los ángeles y mujeres que dominan la fachada del edificio. Un blog dedicado a Colombo, hecho por Alejandro Machado,  dice que tiene “una profusión inusitada de estatuas (13) femeninas, querubines (10), cabezas femeninas en las ménsulas (12), vitraux (3) y una escena que parece una crucifixión coronando todo… Las dos entradas principales comparten un pallier con 4 esculturas femeninas y la medianera está calada, de manera que se pueden ver las estatuas de un pallier a otro.

Al pararse en la vereda de enfrente y levantar la vista, el trabajo de Colombo parece más bien un cuadro de Capilla Sixtina: hay ángeles hasta en lo alto del edificio, se trata de muchas escenas dispersas que juntas realzan la fuerza de un trabajo conceptual. En el presente dominan los tonos rosa pastel y marrones claros.

Los 36 leones, guardianes de la comida rápida

La escritora Pia López comentaba que su edificio preferido era la Casa Grimoldi, ubicada en calle Corrientes 2548-60. Encargada por la familia de zapateros en 1918, tiene columnas modernistas, portentosas y oscuras, entre talladuras de leones eclécticos que, en el presente, contrastan con la planta baja, donde desde hace unos años funciona una casa de comida rápida.

Sobre esta obra, los arquitectos entendidos en el legado de Colombo enfatizan la cantidad de leones puestos en el edificio: hay seis de apariencia aguerrida y fauces abiertas en la fachada, más otros treinta en el interior.

Al igual que el contrapunto leones-pavos reales en Rivadavia y 24 de Noviembre, aquí los felinos hacen equipo con águilas y cabezas de vaca. Otro aspecto relevante del edificio son sus arañas tipo Tiffany, vitrales detallados hasta lo obsesivo y frontispicios con querubines en lo alto de la construcción.

Según el sitio Arcón, el Grimoldi está dividido en dos mitades simétricas, con entrada principal a las unidades del primer cuerpo, en el 2254 de Corrientes. El frente, realizado en parte en imitación piedra oscura y en otra revocado (…). Los balcones del primero y segundo piso aparecen enmarcados en una columnata clásica que se destaca en el extenso frente. En las bases de las columnas, a la altunra del cielorraso de la planta baja, rugen cuatro pétreas cabezas de león. En el cuarto piso, en cuyo frente hay talladuras de querubines, están los departamentos lujosos de 250 metros cuadrados con vitreaux. En el quito está el departamento que fue vivienda de los Grimoldi.

Colombo se suicidó a los 42 años, en 1927, en su estudio de la calle Moreno 2091, según un texto de Julián Varsavsky. Sin embargo, su legado permanece intacto en el barrio de Balvanera a través de estas tres grandes obras, junto a otros edificios repartidos en la Capital. Así, levantar la vista en Once es, a través de aguerridos leones, encantadoras musas y complejos lienzos de piedra y mármoles, echar un viaje imaginario por Ciudad Gótica, la cuna del encapotado oscuro con urgencia de combatir el crimen.

Yapa: Casa Anda, un edificio marcado por el horror y la leyenda

En 1081 otro empresario del calzado solicitó los servicios de Virginio Colombo: Leandro Anda. La vivienda está en Entre Ríos 1020, en San Cristóbal, a varias cuadras del nodo comercial Once. Años más tarde, según una leyenda urbana rescatada por el sitio Habitantes de BA, vivían dos familias: los Rocatagliatta y los Zick.

La primera estaba integrada por Luiggi, ex Bersagliere del ejercito de Garibaldi, su esposa Glorietta Cattanni, ex militante del movimiento anarquista “Camisas Rojas”, y sus mellizos de 17 años Emmanuel y Vittorio.

En tanto, los Zick eran Ernest, ex militar de origen Húngaro que luchó en África con la Legión Extranjera, su esposa Dolores Rocío, una andaluza que despachaba un almacén en Tánger, y su hija Celina Amparo, de 16 años.

Las familias se hicieron amigas, y en consecuencia, los hijos empezaron a interactuar con frecuencia. Lo que arrancó como una cortesía vecinal, tornó en un triángulo amoroso donde la joven Amparo enamoró a ambos hermanos.

El coqueteo explotó en la noche del 17 de mayo de 1927. Bajo un diluvio porteño, Vittorio se ataca de celos por ese amor a dos puntas y toma del cuello a su mellizo, Emmanuel, quien dormía a su lado. Al caen en la cuenta del asesinato, decide tomar un alambre y subir hasta el palomar en lo alto de la angosta vivienda. Allí, entre las aves que su padre coleccionaba, se cuelga.

Al día siguiente, la madre Glorietta descubre a sus hijos muertos. El drama repercute en Luiggi, quien muere en el acto por la impresión. Los vecinos empezaron a vocear sobre la casa y el destino de sus habitantes.

Amparo, pocos años después de lo sucedido, huyo un domingo rumbo a Brasil con Pedro Fosse, un paraguayo carnicero, jugador y mujeriego, que imitaba en su look  a Carlos Gardel,  y era inquilino  del local que pertenecía a la propiedad, según el portal citado. Su padre, luego de buscar al indeseable yerno por cielo y tierra con intenciones de matarlo, se marcho junto a su esposa con paradero desconocido.

Glorietta siguió sola habitando la casa, que poco a poco se iba deteriorando al igual que su salud mental. Los vecinos podían verla pasar largas horas mirando desde la ventana del cuarto que había sido de sus hijos, y donde muchos años más tarde encontrarían su cuerpo en avanzada descomposición.
En la actualidad el edificio está tapiado, pero aún así se puede ver desde lejos el palomar, estructura cuadrada de material, donde, según esta leyenda, se concretó una de las noches trágicas de San Cristóbal.