Restauran obras clave del patrimonio artístico en una escuela de Parque Avellaneda
El trabajo técnico se enfocó en respetar la materialidad original y revertir modificaciones que afectaban su integridad.
En el marco de una política orientada a preservar el patrimonio cultural dentro de las instituciones educativas, el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires finalizó la restauración de tres pinturas de alto valor histórico en la Escuela N.° 20 “Antonio Alice”, ubicada en el Distrito Escolar N.° 11, en Baldomero Fernández Moreno 3652, barrio de Parque Avellaneda (Comuna 9).
La intervención se llevó adelante a través del programa “Huellas de la Escuela” y alcanzó a las obras “Rincón Boquense”, del reconocido artista Benito Quinquela Martín; “Mujer Meditando”, de Salvatore Calabrese; y “Retrato de mi alumno Antonio Alice”, de Decoroso Bonifanti.
El proceso de restauración tuvo como eje principal la recuperación de la autenticidad de las piezas. Con el paso del tiempo, las pinturas habían sido objeto de intervenciones que, aunque realizadas con intención de conservación, alteraron tanto sus colores originales como su composición. En este sentido, el trabajo técnico se enfocó en respetar la materialidad original y revertir modificaciones que afectaban su integridad.
Uno de los casos más complejos fue el del retrato de Antonio Alice, que presentaba daños estructurales producto de un antiguo reentelado con cera-resina, técnica hoy considerada inapropiada en determinadas situaciones. Esta intervención había generado rigidez en el soporte, provocando desprendimientos en la capa pictórica. El equipo especializado logró recuperar la flexibilidad de la obra mediante un procedimiento controlado y la implementación de un sistema reversible, acorde a los estándares actuales de conservación.
A su vez, mediante estudios organolépticos y técnicas de análisis visual —incluyendo iluminación ultravioleta— se detectaron repintes y agregados ajenos que afectaban tanto la estabilidad como la lectura estética de las pinturas. Estos elementos fueron eliminados siguiendo criterios internacionales de restauración, priorizando siempre la reversibilidad y el respeto por la obra original.
Las tareas de limpieza, adaptadas a las particularidades de cada pieza, permitieron recuperar la paleta cromática concebida por los artistas. Para ello, resultó fundamental el análisis previo de los pigmentos y materiales, así como un exhaustivo registro fotográfico de cada etapa del proceso.
Más allá de la recuperación material, la iniciativa busca poner en valor el rol de las escuelas como espacios que resguardan la memoria cultural. La presencia de estas obras restauradas no solo embellece el entorno educativo, sino que también fortalece el vínculo de los estudiantes con la historia de su institución.
Desde el Gobierno porteño destacan que este tipo de acciones apuntan a consolidar una educación que integre el arte y la cultura como parte de la experiencia cotidiana, asegurando que el patrimonio artístico siga siendo accesible para las futuras generaciones.






