Día de los Jardines: docentes destacan el rol pedagógico y social del nivel inicial ante nuevas infancias
En el Día de los Jardines de Infantes, docentes de la Ciudad de Buenos Aires reflexionan sobre los cambios en las infancias y destacan el rol pedagógico, emocional y social del nivel inicial en un contexto atravesado por nuevas demandas educativas.
En el marco del Día de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera, que se celebra cada 28 de mayo en homenaje a Rosario Vera Peñaloza, docentes del nivel inicial reflexionaron sobre los desafíos actuales de la enseñanza y el rol de la escuela en los primeros años de vida, en un contexto atravesado por cambios culturales, tecnológicos y sociales.
Desde un jardín público de la Ciudad de Buenos Aires, dos maestras de distintas generaciones coincidieron en señalar que el nivel inicial trasciende la función de cuidado y constituye un espacio clave de formación integral. “La escuela le muestra otros mundos posibles a un niño”, sintetizó Florencia Ruiz, docente desde 2014, mientras que Marina Cordeiro, con más de tres décadas de experiencia, subrayó que “en el jardín, los aprendizajes más pequeños son fundamentales”.
Ambas docentes trabajan en una sala de 5 años del Jardín de Infantes Común Nº 2 del Distrito Escolar 4, en el barrio de La Boca (Comuna 4), y describieron un escenario atravesado por nuevas problemáticas: dificultades en la socialización, cambios en el lenguaje, impacto de las pantallas y una creciente necesidad de acompañamiento emocional.
En ese sentido, señalaron a la pandemia como un punto de inflexión en las dinámicas escolares. Según explicaron, actualmente se observan transformaciones en la forma en que los niños se vinculan, así como en la tolerancia a la espera y a la frustración. A la par, destacaron que existe una mayor conciencia sobre los derechos de la infancia y la diversidad de trayectorias educativas.
Lejos de concebir al jardín como un espacio meramente asistencial, las docentes remarcaron que cada propuesta pedagógica implica planificación y objetivos orientados al desarrollo de la autonomía, el lenguaje, la convivencia y la construcción de experiencias significativas. Aprendizajes como esperar turnos, compartir, expresar emociones o reconocer al otro forman parte de ese proceso.
También hicieron hincapié en la dimensión colectiva del nivel inicial, donde intervienen docentes, auxiliares, equipos de conducción y familias. “Es una construcción de toda la comunidad educativa”, señalaron, al tiempo que destacaron la importancia de la inclusión como uno de los principales desafíos actuales, frente a aulas cada vez más heterogéneas.
En ese marco, valoraron el aporte de la Educación Sexual Integral (ESI) como herramienta para abordar la convivencia, el respeto y las emociones desde edades tempranas.
Las docentes consideraron además que el legado de Rosario Vera Peñaloza mantiene plena vigencia, especialmente en la concepción del jardín como un espacio de oportunidades y desarrollo desde la primera infancia.
Entre las experiencias pedagógicas, destacaron el trabajo en un atelier, un espacio diseñado para fomentar la exploración y el aprendizaje a través de los sentidos. Allí, los niños interactúan con materiales diversos en propuestas abiertas que promueven la creatividad, la autonomía y distintas formas de expresión.
Según explicaron, el entorno también forma parte del proceso educativo, ya que la disposición de los objetos, las texturas y la organización del espacio contribuyen al desarrollo de los aprendizajes.
En la Ciudad de Buenos Aires, el nivel inicial cuenta con 382 establecimientos de gestión estatal, a los que se suman 470 escuelas y 171 jardines maternales del sector privado. En total, el sistema reúne a casi 10 mil docentes y más de 28 mil alumnos en este nivel educativo.







